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Opinión

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Cuando dos empresas se fusionan: ¿quién gana realmente?

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Rodrigo Alcázar Silva | Reglas del juego

Rodrigo Alcázar Silva

La existencia de eficiencias en una fusión, no depende de que las empresas las proclamen, sino de que puedan demostrarlas.

Las autoridades de competencia analizan cuando una empresa compra a otra, puesto que estas operaciones pueden generar problemas de competencia. Imagine usted que en su ciudad solo hay tres restaurantes y uno de ellos compra a otro. El resultado es que habrá menos alternativas a las cuales acudir a comer. Esto puede perjudicar a los consumidores al reducir sus opciones y facilitar que el nuevo agente económico incremente sus precios.

Sin embargo, las fusiones también pueden generar eficiencias para las empresas y, en último término, para los consumidores y la sociedad. El restaurante que adquirió a su competidor tiene ahora la posibilidad de pagar un solo gerente y un solo contador en vez de dos. Además, dado que tendrá un mayor volumen de ventas, podrá acceder a mejores condiciones de compra con sus proveedores de insumos. Estos ahorros podrían traducirse en mayores ganancias para el restaurantero y, potencialmente, en mejores precios para el comensal.

Las eficiencias no siempre consisten únicamente en reducciones de costos administrativos. En algunos casos, una fusión puede permitir inversiones que serían difíciles de realizar a las empresas separadas. Por ejemplo, impulsar la investigación, incrementar la innovación o mejorar la calidad de los productos y servicios ofrecidos a los consumidores.

La Ley Federal de Competencia Económica reconoce esta posibilidad y establece que la autoridad deberá tomar en consideración las ganancias en eficiencia que las empresas involucradas en una fusión puedan acreditar.

No obstante, no cualquier ahorro derivado de una operación es suficiente para justificarla. En términos generales, las eficiencias deben ser verificables, derivar específicamente de la fusión y tener la posibilidad de beneficiar a los consumidores mediante menores precios, mayor calidad o más innovación.

En las fusiones que implican un análisis profundo, las empresas suelen invocar este precepto y sostener que la operación generará eficiencias que compensarán los riesgos derivados de la concentración. Sin embargo, estas afirmaciones suelen quedarse en meras manifestaciones. Se considera con frecuencia que demostrar ganancias netas en eficiencia es un ejercicio complejo, por lo que muchas veces no se realiza un esfuerzo importante para recabar evidencia que las sustente y mucho menos para cuantificarlas.

Esto no ocurre solo en México, sino a nivel mundial. Precisamente por ello, la autoridad europea de competencia emitió recientemente una consulta pública sobre una nueva guía para el análisis de fusiones, en la que se muestra más abierta a valorar distintos tipos de evidencia relacionados con las eficiencias derivadas de estas operaciones.

Sin embargo, las simples afirmaciones continúan siendo insuficientes. La existencia de eficiencias no depende de que las empresas las proclamen, sino de que puedan demostrarlas. ¿Qué tipo de evidencia puede resultar útil? Documentos internos elaborados en el curso ordinario de los negocios, estudios de mercado, presentaciones a inversionistas, análisis de expertos e incluso ejemplos históricos de beneficios obtenidos por consumidores en operaciones similares. Esta evidencia suele ser más persuasiva cuando es cuantificable y verificable, cuando es anterior a la fusión y cuando ha sido elaborada por terceros independientes, pues ello reduce el riesgo de que haya sido creada únicamente para obtener la autorización de la autoridad.

Los criterios desarrollados por las autoridades europeas y estadounidenses suelen influir en la evolución del análisis de fusiones alrededor del mundo, incluido México. Por ello, el resultado de la consulta pública europea probablemente será relevante para la forma en que las autoridades mexicanas evalúen las eficiencias en el futuro próximo.

El verdadero reto no consiste en determinar si una fusión genera ahorros para las empresas, sino en establecer si esos ahorros se pueden trasladar efectivamente a los consumidores. Lo que al final importa es que una operación haga más eficientes a las empresas y, sobre todo, que esas eficiencias se traduzcan en un mayor beneficio social.

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