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Detector de verdades a Medias a Eduardo Clark

Éctor Jaime Ramírez Barba | Columna Invitada
"Las matemáticas de la salud"
El discurso oficial en materia de salud pública transita por una narrativa aparentemente impecable: compras consolidadas récord, logística en constante mejora, millones de piezas distribuidas, un abasto reportado por encima del 98% en el IMSS y promesas recurrentes de un sistema gratuito y universal. Sin embargo, al contrastar esta retórica institucional con las encuestas públicas y el comportamiento de las familias y del mercado, la versión oficial se revela no como una falsedad absoluta, sino como una elaborada verdad a medias.
Recientemente, Eduardo Clark, subsecretario de Salud, celebró que el IMSS cerró julio con el 98.1% de las piezas de medicamentos recetadas entregadas. También informó que el IMSS-Bienestar distribuyó 161 millones de piezas durante el primer semestre de 2026, 76% más que en el mismo periodo de 2025, y sostuvo que los problemas actuales son principalmente “coyunturales y puntuales”, concentrados en hospitales, servicios o regiones específicas, más que consecuencia de una falla estructural.
Conviene reconocer cualquier avance. Pero si el abasto alcanza esos niveles y el derecho a la salud está suficientemente cubierto por el Estado, surge una pregunta inevitable: ¿por qué los mexicanos gastan cada vez más de su bolsillo, acuden mayoritariamente al sector privado y pueden caer en la pobreza por el solo hecho de enfermar?
La respuesta comienza con la “metodología del porcentaje”. Clark habla de piezas entregadas, no necesariamente de recetas surtidas por completo. Una institución puede entregar nueve de cada diez medicamentos prescritos y reportar un 90% de piezas entregadas, aunque el paciente se marche sin la insulina, el anticoagulante, el medicamento oncológico o el antibiótico indispensables para su tratamiento.
El 98,1% puede ser correcto en el sistema de registro del IMSS, pero no demuestra por sí solo el acceso efectivo, la oportunidad ni la continuidad terapéutica. Tampoco informa cuánto tiempo esperó el paciente, cuántas veces regresó, si tuvo que comprar el medicamento o si abandonó el tratamiento.
El propio Clark reconoció que puede haber recetas incompletas que no sean dadas de alta correctamente por el personal de farmacia. La confesión es relevante: cuando hay fallas en el registro, el porcentaje puede sobreestimar el abasto real. A ello se suman las personas que no consiguen consulta, enfrentan citas diferidas o recurren directamente al sector privado porque anticipan que en la institución no encontrarán respuesta.
Lo mismo sucede con las 161 millones de piezas distribuidas por el IMSS-Bienestar. Mover más medicamentos constituye un avance logístico, pero llevar una caja a un almacén estatal o a una unidad médica no equivale a colocarla oportunamente en manos del paciente. La cadena completa debería medirse desde la compra y recepción hasta la receta surtida íntegramente y la continuidad del tratamiento.
El indicador más contundente no está en el boletín oficial, sino en los bolsillos de las familias. Con base en la ENIGH 2024, el gasto trimestral promedio de los hogares en salud pasó, en términos reales, de 1,135 pesos en 2018 a 1,605 pesos en 2024: un incremento de 41.4%. Solamente entre 2022 y 2024, el gasto de bolsillo aumentó 7,9% y alcanzó un promedio anual de 6,421 pesos por hogar. Entre las familias de menores ingresos, el crecimiento fue de hasta un 23%.
Mientras el Gobierno proclama la gratuidad, los mexicanos destinan más recursos a medicamentos, consultas, análisis y hospitalizaciones. El 38,3% del gasto de bolsillo en salud corresponde a medicamentos; entre los hogares de menores ingresos, esa proporción se acerca a la mitad.
Esta insuficiencia genera dos fenómenos dramáticos. El primero es el gasto catastrófico y el empobrecimiento por motivos de salud. En 2024, aproximadamente 1,11 millones de hogares incurrieron en gastos catastróficos, es decir, aquellos que superaron el 30% de su capacidad de pago. La cifra representa un aumento de 64,5% frente a 2018. Además, alrededor de 287 mil hogares cayeron en la pobreza como consecuencia directa de pagar atención médica, lo que representa un 60% más que hace seis años.
La falta de acceso a los servicios de salud confirma la magnitud del retroceso. En 2018 afectaba a 20,1 millones de personas, lo que representaba el 16,2% de la población. Para 2024 llegó a 44,5 millones, equivalentes al 34,2%. Es cierto que disminuyó frente a los 50,4 millones registrados en 2022, pero también es verdad que sigue siendo más del doble de la cifra observada al inicio del gobierno anterior. Ocultar cualquiera de las dos partes sería otra verdad a medias.
El segundo fenómeno es el desplazamiento hacia la atención privada. Aunque el 63% de la población reportó estar afiliado a alguna institución pública, seis de cada diez personas que recibieron atención en 2024 acudieron a establecimientos privados o farmacias. Entre quienes buscaron atención, solamente 45.9% de los afiliados al IMSS, 45.6% de los del ISSSTE y 40% de los del IMSS-Bienestar fueron atendidos por su propia institución.
Afiliación no significa acceso efectivo. Una credencial no garantiza consulta, laboratorio, especialista ni medicamento. El mercado ha interpretado esta realidad mejor que el discurso oficial. Los Censos Económicos 2024 documentaron que las farmacias sin minisúper crecieron a una tasa media anual de 6,5% entre 2018 y 2023. La expansión de farmacias y consultorios adyacentes no responde solo al espíritu emprendedor, sino también a la demanda de millones de personas que buscan atención inmediata y medicamentos disponibles, aunque deban pagarlos.
Las familias no recurren a las farmacias privadas por preferencia ideológica, sino por necesidad, cercanía y oportunidad. El florecimiento de este mercado constituye el espejo económico de las insuficiencias del sistema público.
También resulta revelador que el Gobierno pretenda colocar el Escudo Nacional y una leyenda más visible en los envases para impedir su venta ilegal. Reconocer el desvío de medicamentos confirma que persisten fugas y posibles actos de corrupción. Pero imprimir un escudo no sustituye la trazabilidad. La serialización, los códigos verificables y los sistemas interoperables permitirían seguir el trazabilidad de cada medicamento desde el fabricante hasta el paciente.
La salud pública no se evalúa por el número de cajas compradas ni por porcentajes seleccionados. Se mide en la receta completa, en el tratamiento oportuno y en el hogar que no tuvo que endeudarse para atender una enfermedad.
Puede ser verdad que ahora se distribuyen más medicamentos. La otra mitad de la verdad es que los mexicanos gastan más, buscan refugio en el sector privado y aún pueden empobrecerse al enfermar. Y esa mitad, aunque no aparezca en las conferencias oficiales, es la que millones de familias están pagando.
Referencias
- [1] Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025). Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2024. [INEGI](https://www.inegi.org.mx/programas/enigh/nc/2024/).
- [2] Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025). Pobreza multidimensional 2024. Nota técnica. [INEGI](https://www.inegi.org.mx/contenidos/desarrollosocial/pm/doc/pm_nota_tecnica_2024.pdf).
- [3] Méndez Méndez, J. S. (2025). Gasto de bolsillo en salud: resultados de la ENIGH 2024. Centro de Investigación Económica y Presupuestaria. [CIEP](https://ciep.mx/gasto-de-bolsillo-en-salud-resultados-de-la-enigh-2024/).
- [4] México Evalúa. (2025). Gastos catastróficos en salud se disparan un 64,5% en 2024 frente a 2018. [México Evalúa](https://mexicoevalua.org/gastos-catastroficos-en-salud-se-disparan-64-5-en-2024-frente-a-2018-mexico-evalua/).
*El autor (www.ectorjaime.mx) es médico especialista en cirugía general, certificado en salud pública, con doctorado en ciencias de la salud y en administración pública. Es legislador y defensor de la salud pública de México, diputado reelecto del grupo parlamentario del PAN en la LXVI Legislatura y presidente del Capítulo de América Latina y el Caribe de UNITE Parliamentarians Network for Global Health.

