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La cultura de la verdad (o las mentiras del mestizaje)

Opinión
Si usted como yo, creció con una educación convencional de los antiguos libros de texto, habrá aprendido que la colonización, en efecto, fue un proceso violento pero benéfico, porque, al fin y al cabo, la indiada estaba muy salvaje y la verdadera civilización es la europea.
Si a usted como a mí, le tocó una educación de la historia de México en la cual dominó la idea de que, en México, básicamente todas las personas salimos de la fusión de dos “razas” la europea y la indígena y ya lo demás como sea vamos viendo, habrá crecido pensando que las personas indígenas se extinguieron o quedan re poquitos, y el resto, tantito más blanquitos o morenitos, como sea somos mestizos.
Si a usted le tocó esa educación como a mí, qué bueno que vive en México y en este momento, porque tenemos todo para educarnos mejor y limpiar nuestros imaginarios de tantas mentiras.
Sabemos que la Historia se cuenta de acuerdo a lo que se guste resaltar y desde unos determinados paradigmas, o como decía mi tía Raquel, cada quien sus asegunes, pero la complejidad de los hechos es crucial para la conformación de la identidad.
Una de las partes centrales del proceso político que estamos viviendo, tiene que ver con la recuperación de la dignidad del pueblo de México. Parte fundamental de esa dignidad tiene que ver con la Historia, con reconocer que el proceso de la conquista fue aniquilador y salvaje para con los pueblos originarios y que dichas culturas no tenían nada de menores, al contrario, fueron y son grandes culturas con aportaciones fundamentales para México y el mundo. El mirar el norte occidental como civilizado y el resto del mundo como civilizaciones menores, es parte y origen de las grandes desigualdades y al fin y al cabo del estado de las cosas hoy día. La discusión cultural en México, atraviesa muchos dolores, el clasismo, el racismo y la exclusión.
Vamos a poner un ejemplo familiar. Una crece en una familia y le son relatados un montón de antecedentes. Que si tus abuelos se conocieron no sé dónde, que si tu tatarabuelo era un señor de 30 años que se casó con tu tatarabuela que era una niña de 15 y tuvieron 10 hijos de los cuales 3 se murieron, 2 se fueron para nunca volver y de los 5 que quedaron una es tu mamá e hizo lo que pudo con su historia.
Nuestras historias familiares están llenas de violencias, violaciones, abusos. Para las feministas ha sido necesario volver a contarlas con otros ojos. Los que nos permiten ver que si una niña de 15 años empieza a tener hijos con un señor de 30, no necesariamente es un acto de voluntad y una historia de amor y que muy probablemente toda esa historia esté llena de abusos.
Que los tíos que se fueron para nunca volver, quizás son el resultado de entornos de mucha violencia, en fin. Las historias de lo humano son complejas, dolorosas y difíciles de narrar para cuando una quiere comprender su presente. Difícil resulta comprender tu presente si no afrontas lo complejo de tus raíces.
El mentado mestizaje, fue todo menos parejo y amoroso. El reconocer, hacer planes de justicia, pedir disculpas públicas y recontar las historias es parte central para entender por qué nos duele lo que nos duele.
Un botón de muestra. Una directora de teatro que admiro mucho, me contó que una vez que una cierta compañía australiana que vino a México a hacer un montaje, después de ver una obra de teatro espléndida, de las muchas que hay en los escenarios locales, le preguntaron: ¿por qué la gente que está sobre el escenario es blanca y en la calle vemos a mucha más gente morena? Es decir, por qué la gente morena no está sobre el escenario. Esto fue hace años, aunque no tantos. Muchas transformaciones están ocurriendo también en la representación visual y escénica. Colectivos afrodescendientes e indígenas de la cultura trabajan con intensidad para señalar y hacer evidente que el clasismo y el racismo persiste y está también en las expresiones artísticas. Las cosas están cambiando, pero aún estamos lejos.
La paz entre los pueblos, como entre las personas, solo ocurre si se reconoce de dónde venimos, sobre las mentiras, es difícil construir paz.