Lectura 4:00 min
La Cultura de la Paz, Desapariciones Forzadas

Pascual Hernández Mergoldd | La cultura de la paz
“Vivos se los llevaron, vivos los queremos.” Consigna popular
Un tema que se desborda del ámbito nacional es el deterioro sustancial de la paz en México, de su tejido social y de la cultura de la paz. Deterioro impulsado, en gran medida, por las organizaciones criminales que, entre sus múltiples prácticas ilícitas, recurren a la desaparición forzada de personas para reclutarlas, realizar trabajos forzados o asesinarlas. En muchos casos con el aparente consentimiento o complicidad de autoridades.
Las cifras son alarmantes: entre 2000 y 2006 se registraron 914 desapariciones forzadas; de 2006 a 2012, 16,889; y de 2012 a 2018, 32,682. El periodo de 2018 a 2024 marcó el mayor incremento, con 54,049 desapariciones -al menos una cada hora-, a las que se sumaron otras 17,552, en año y medio del actual gobierno. Esta crisis humanitaria, consecuencia directa del narcoterrorismo, se agravó con la política de “abrazos, no balazos”.
De acuerdo con la ONU y diversos especialistas, la desaparición de personas refleja los altos niveles de violencia y las violaciones sistemáticas a los derechos humanos que prevalecen en el país. No es casual que México encabece las acciones urgentes del Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada, acumulando el mayor número de peticiones a nivel mundial y evidenciando una crisis de búsqueda y fallas estructurales del Estado. El Comité ha señalado la impunidad generalizada y la comisión de este delito como instrumento de terror, especialmente en el contexto del crimen organizado. Además, ha subrayado el derecho de los familiares y dolientes a la verdad y a la reparación del daño.
En sus conclusiones, el Comité afirmó que existen indicios fundados de que en México se han cometido y se siguen cometiendo desapariciones forzadas que podrían constituir crímenes de lesa humanidad. Su evaluación se sustenta en la existencia de ataques generalizados y sistemáticos contra la población civil en distintos momentos y regiones del país, así como en la información aportada por la sociedad civil, los exámenes periódicos, la visita realizada en 2021 y las solicitudes de acción urgente presentadas por las víctimas.
Con el propósito de apoyarnos en la prevención, investigación, sanción y erradicación de este crimen, el Comité solicitó al Secretario General de la ONU remitir a la Asamblea General la situación de las desapariciones en México, incluyendo reportes, observaciones, testimonios y la crisis forense con más de 70 mil cuerpos sin identificar.
El aumento de las desapariciones coincide con lo señalado por el presidente de Estados Unidos: “México está controlado por narcotraficantes.”
La pérdida de un ser amado, ya sea una hija, un hijo, una hermana, un hermano, una madre, un padre, una amiga o un amigo, es una muy dolorosa experiencia en la vida, especialmente si se trata de una desaparición forzada.
El viernes previo a la Semana Santa, la Presidenta presentó finalmente -tras un año de espera- sus resultados sobre este delicado tema. Siendo del gobierno la responsabilidad la administración del padrón de personas desaparecidas, informó que, de 130,178 registros, únicamente 43,128 cuentan con información completa de personas cuyo paradero sigue desconocido. Organizaciones y especialistas advierten inconsistencias en miles de registros y la falta de investigaciones por parte de las fiscalías, lo que parece un intento de minimizar la magnitud del problema.
Esta dolorosa realidad se adereza con la localización frecuente de fosas clandestinas por colectivos civiles; la manipulación de la verdad; el desmantelamiento institucional; la ineficacia e indiferencia de la CNDH y de otras autoridades, así como la impunidad y polarización impulsadas desde Palacio.
Nos alejamos del país de libertades que alguna vez fuimos y de la aspiración a una democracia plena.
No merecemos una república desmantelada ni que fuerzas externas enfrenten a los narcoterroristas. Ha llegado el momento de hacer lo que debe hacerse, no sólo lo que se puede hacer.
Reconstruyamos nuestro tejido social mediante el diálogo, la escucha profunda y la creación de espacios de encuentro que permitan sanar la fragmentación. Sólo así podremos recuperar la cultura de la paz.
* El autor es abogado, negociador y mediador
X: @Phmergoldd

