La calidad literaria de Patricia Highsmith en su obra El talento de Mr. Ripley, consiste en la capacidad de empatía que genera en los lectores el personaje central, un asesino.

En ocasiones, los rasgos de un personaje de una historia bien contada minimizan su perfil siniestro. Tal parece que así ocurre con los expresidentes de España y Ecuador, José Luis Rodríguez Zapatero y Rafael Correa, respectivamente.

Ambos acuden a tertulias o congresos para exponer su defensa por la democracia y por los pobres. En realidad, ambos son impostores que apelan al fanatismo ideológico o a la desmemoria de miles de personas.

Zapatero colaboró con Nicolás Maduro en el desmantelamiento del referéndum revocatorio que hubiera significado, muy probablemente, la salida del presidente del Palacio de Miraflores en 2016. Maduro, contra la pared, invitó a Zapatero para que legitimara sus trampas. Una de ellas, por ejemplo, fue la ubicación de puntos de registro extremadamente lejanas a las zonas habitacionales de una parte importante de la población.

A finales de octubre de 2019 el expresidente español visitó las instalaciones de El Economista. Por momentos, Zapatero pensaba que sus interlocutores eran párvulos que nunca habían leído sobre la crisis o visitado Venezuela. Su visión inocente sobre los actos de Maduro lo convertía en un cómplice. 

La participación de Zapatero en la OEA defendiendo la violación a la Constitución venezolana por parte de Maduro cuando se negó a celebrar el revocatorio, tendría que permanecer en la memoria de los que hoy aplauden al expresidente español. Defender a un dictador debería de tener un costo, pero al parecer, no ocurre.

El expresidente de Ecuador Rafael Correa es un personaje bonachón siempre y cuando no se le critique. El 14 de junio de este año un grupo de periodistas del periódico ecuatoriano El Universo pidió a la Corte Interamericana de Derechos Humanos que condene al Estado ecuatoriano por la “persecución” de la que fueron víctimas desde 2011 por el entonces presidente Rafael Correa.

El caso se refiere a una condena penal de tres años privativa de libertad y una sanción civil por 30 millones de dólares contra el periodista Emilio Palacio Urrutia y directivos del periódico El Universo, Carlos Pérez Lapentti, César Enrique Pérez Barriga y Carlos Eduardo Pérez Barriga, a raíz de la publicación en febrero de 2011 de un artículo de opinión de Palacio Urrutia que describía al Gobierno de Correa como una “dictadura” por haber enviado a la cárcel a un grupo de policías que había participado en un mitin en contra del presidente por cuestión de salarios.

Zapatero y Correa recibieron aplausos en México al principio de esta semana en un evento de algo que se llama Grupo de Puebla. Ambos personajes se presentan como defensores de las causas sociales.

Son impostores.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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