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Vive México, ¿qué faltó?
Enrique Campos Suárez
Realmente se veía francamente guapa Rebeca de Alba en la presentación del programa Vive México, en la explanada Francisco I. Madero de Los Pinos. Sin embargo, tanta belleza, fama y talento por metro cuadrado no es suficiente para promover el turismo.
La primera parte de los 1,200 millones de pesos del programa se utilizó ahí, al menos en la decoración del enorme set. Para montar una presentación que tan sólo 24 horas después borró su impacto mediático a la luz de las detenciones de los narco alcaldes michoacanos.
Sólo una convocatoria presidencial puede juntar a personajes como Fernando de la Mora y el Buky; a Enrique Krauze y a Paty Chapoy; o al chelista Carlos Prieto con El Terrible Morales.
Todos ellos tienen altos niveles de popularidad, más que cualquier político, y tienen la facilidad de hacer que la gente les crea. Pero, hace falta algo más que carisma para promover el turismo.
Porque, además, seguro que en Italia o en Holanda no son tan conocidos.
La verdad, lo confieso, cuando era niño cualquier juguete que recomendara Chabelo, de inmediato lo incluía en mi lista a los Santos Reyes. Pero si hoy el amigo de todos los niños me recomienda viajar a Zacatecas, Juárez o Tamaulipas, la verdad es que no le voy a hacer caso.
El turismo nacional tiene superada la discusión de la influenza como un impedimento para viajar. la razón es sencilla: todos lo vivimos en carne propia.
El tema para los locales es de entrada, económico. Pero también es un asunto de seguridad.
Quien quiera pueblear por Michoacán, es imposible que se quite de la mente el actuar del cártel de La Familia en esa entidad y su posible reacción a las detenciones de ayer. O borrar el recuerdo del granadazo de Morelia en septiembre pasado.
El que se anime a ir a Acapulco, tendrá que batallar con una Costera atiborrada de automóviles, como Periférico en quincena.
Si van a Cancún la constante ha sido la de hacerle mala cara a los turistas nacionales, por el privilegio a los extranjeros.
En cuestión de precios, llegar a la Riviera Maya cuesta 4,000 pesos el avión y 2,000 pesos el taxi.
Llegar a Miami cuesta 235 dólares, viaje redondo, y con servicio de shuttle gratis de los hoteles.
Si un extranjero me pidiera una recomendación para visitar la ciudad de México, no podría contestarle con el discurso oficial: Vive México, publicaron en la prensa, es un grito de orgullo que hace saber al mundo que somos un gran país. Le diría que lo piense dos veces, porque la inseguridad nos está, literalmente, matando.
Si junto a la Talancón nos hubieran presentado planes de inversiones para hacer corredores turísticos seguros, iluminados y limpios; el programa parecería un esfuerzo en serio.
Si además de colores alegres, frases lacrimógenas, guapas y famosos, hubieran presentado una visión integral para hacer de México un destino tan apetecible como Francia o Hong Kong, entonces todos le habríamos entrado al coro de: Vive México.
La primera piedra
Los datos económicos ya no requieren economistas para su interpretación, sino psiquiatras.
El índice de confianza de los consumidores de Estados Unidos tuvo su mayor incremento en seis años, para alcanzar su nivel más alto en ocho meses. ¡Esquizofrénico!
Y es que el índice de confianza que mide The Conference Board aumentó de 40.8 puntos a 54.9 puntos. Cuando la expectativa del mercado era no más de 42 puntos.
Cada mes pierden su trabajo en ese país más de medio millón de personas. No hay un solo dato duro que avale este incremento.
Es, sencillamente, el sentimiento de los estadounidenses. Es, sin más, su característico: In God We Trust.
La gran depresión