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Violencia machista ¿imparable?

Desde 2006 las encuestas nacionales ENDIREH miden la percepción de tipos y grados de violencia que viven las mujeres. Casi desde su inicio, han de leerse en el contexto de violencia generalizada y creciente, debido en gran medida a la expansión del crimen organizado y a la militarización, falsamente justificada como “estrategia” para “pacificar” al país. Dado el empeño gubernamental por mantener y ampliar la militarización de la seguridad pública y el discurso presidencial que refuerza los mandatos de género, es probable que los alarmantes datos de la reciente ENDIREH 2021 sean ignorados por un gobierno que ha minimizado sistemáticamente la violencia contra las mujeres, entre otras para no reconocer las fallas de su “estrategia de seguridad”.
Estas encuestas miden la prevalencia de violencia en mujeres de 15 años y más a lo largo de su vida y en el último año. La de 2021 añade un apartado sobre los efectos del confinamiento por Covid que, aunque relativo, se ha relacionado con el aumento de emergencias y casos de abuso sexual infantil (Red de Refugios) y con el aumento de feminicidios, si bien la presencia del crimen organizado, o no, y el acceso a las armas inciden más en la agudización de la violencia feminicida (Data Cívica). También incluye un apartado sobre estereotipos de género y prácticas asociadas con ellos, como el grado de autonomía de las mujeres en la vida diaria.
La ENDIREH 2021 revela un impactante aumento de la prevalencia de casi todas las formas de violencia desde 2016, cuando la media nacional ya era muy elevada (66.1%) y el pico escandaloso de 79.8% en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. En cinco años, el porcentaje de mujeres que sufrió algún tipo de violencia a lo largo de su vida subió a 70.1%, psicológica de 49% a 51.6%, física de 34% a 34.7%, sexual de 41.3% a 49.7% ; en cambio, la violencia patrimonial, económica y la discriminación disminuyeron de 29% a 27.4%. Aunque algún aumento parezca menor, el propio Inegi indica que los cambios son estadísticamente significativos
Si ya es preocupante que la violencia machista siga al alza, las cifras estatales evidencian situaciones muy graves: el pico se mantiene en Edomex y la capital con 78.7%, y 76.3%, respectivamente; sigue Querétaro con 75.2%, mientras que en occidente destacan Colima (73.9%) y Jalisco (71.9%) , y en el norte Coahuila (72.3%) y Sonora (71.6%). Esto no se da en un mar en calma: en 16 estados la violencia general alcanza entre 67.3 y 71% y la tasa más baja es de 48.7% (Chiapas). Nada que celebrar.
Si nos centramos en la violencia vivida en los últimos 12 meses, el panorama también es negativo: el promedio nacional para todas las violencias es de 42.8%, lo rebasan 13 estados y 12 más se sitúan entre 39.5% y 43.8%, mientras que la menor prevalencia es de 26.9% (Chiapas),lo mismo que en encuestas anteriores y que lleva a preguntarse si la violencia doméstica, los casamientos forzados y otras iniquidades siguen normalizados, si sólo se percibe o hay en realidad menos violencia machista.
En cuanto a los tipos de violencia, la ENDIREH confirma lo que han documentado otras fuentes: un aumento general de la violencia psicológica y sexual, principalmente contra jóvenes de 15 a 24 años, así como la ubicuidad de la violencia, con un aumento significativo en el espacio público. El confinamiento, por otro lado, habría provocado o agravado conflictos de pareja y familia en 15.4% y 23.7%, respectivamente, lo que no es menor.
Detrás de estas cifras permanecen millones de mujeres que día a día enfrentan acoso, humillaciones, golpes y amenazas de muerte sin que los gobiernos diseñen una estrategia efectiva para frenar la violencia machista y su impunidad institucionalizada, lo cual exige un cambio de fondo en seguridad, justicia y educación. De no detenerse la militarización, el panorama para las mexicanas será aún peor.

