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Opinión

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Una reflexión sobre Alan García

Ante el trágico suicidio del expresidente peruano Alan García, en su mensaje de condolencias de mal gusto y fuera de lugar, López Obrador mencionó: “La corrupción es la nueva peste del mundo. El neoliberalismo unió los negocios privados a los públicos”. No se sabe si lo dicho era para vincular a Alan García con Odebrecht y tildarlo de “neoliberal”. En todo caso, lo expresado no hace justicia al expresidente peruano. Para entenderlo más, debemos revisar someramente sus dos periodos en la presidencia.

García, de 36 años, ganó la elección para el periodo 1985-1990 y heredó de Belaúnde una economía en mal estado. Congruente con los postulados de su partido, APRA, García plantea un programa populista: distanciar al país de los mercados internacionales; limitar unilateralmente el pago de la deuda externa a 10% de los ingresos por exportaciones; congelamiento de precios de productos básicos; subsidios indiscriminados; poca atención a la disciplina fiscal, y retorno a medidas comerciales proteccionistas. Intentó nacionalizar la banca. Como en todo inicio populista, el PIB creció 12.1% en 1986 y 7.7% en 1987.

Pero la economía ficción no puede durar y los tres siguientes años registraron recesiones con contracciones del PIB de 9.4, 13.4 y 5.1 por ciento. La inflación creció de manera acumulada en 1988-1990 en cerca de 4’000,000 por ciento. El número de pobres aumentó de 42 a 55 por ciento. El experimento populista antiliberal falló estrepitosamente. Además, enfrentó cuestionamientos de violaciones a los derechos humanos, actos de corrupción y un aumento del terrorismo.

En el 2006, García se postula por tercera ocasión como candidato y gana la elección frente a Humala. Pero en esta ocasión, sigue un programa económico esencialmente ortodoxo en un giro de 180 grados. Esto habla de un político pragmático y maduro. El PIB crece a un promedio anual en su periodo de 6.7%, con una inflación promedio anual de 3.1%, finanzas públicas sanas y negociación de acuerdos comerciales.

Su involucramiento directo en el caso Odebrecht es dudoso. Aunque varios de los miembros de su gabinete han sido investigados y aprehendidos, se le vincula con un pago de 100,000 dólares en el 2012 por dar una conferencia en São Paulo. Analistas políticos peruanos piensan si las investigaciones a todos los expresidentes no son una purga política y una estratagema para esconder la fragilidad institucional del sistema judicial. Como lo revela la carta póstuma de García, la suya fue una decisión digna y debe respetarse.

Si López Obrador piensa que la corrupción de Odebrecht está ligada al neoliberalismo, no se entiende por qué no procede con todo el peso de la ley en contra de los políticos involucrados del gobierno neoliberal anterior. ¿O es que hay un pacto para la impunidad?

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