Uno de los principales problemas que enfrenta la tarea de comunicación en el mundo económico es el caso del libre comercio. Los argumentos, basados en amplia evidencia empírica, y en los principios universales de ventajas comparativas o la ley de costos comparados, no han logrado, a pesar de su contudencia, generar el apoyo popular deseado.

El sofisma prevaleciente es que el comercio internacional es un juego de suma negativa, donde una parte gana solamente si la otra pierde.

Actualmente, ante la crisis, la creciente incertidumbre sobre el rumbo económico, este sofisma ha extendido su influencia, ya sea en leyes proteccionistas, en barreras no arancelarias de alta complejidad, o en la gama de normas ecológicas o sanitarias que impiden el intercambio voluntario entre personas.

En el fondo, la ausencia de una comprensión general de la ley de asociación ha sido responsable de la falta de consensos alrededor del intercambio comercial, así como la variedad de falacias populares que dominan los debates sobre el comercio. En las palabras de Manuel Ayau, la mayoría de textos en economía relegan la explicación del intercambio a capítulos sobre el comercio internacional, en el supuesto que los lectores ya han entendido los principios básicos del intercambio. Pero es rara la vez que se desarrolla la relación del intercambio con los derechos de propiedad, ni sus implicaciones con respecto a la distribución de riqueza.

El tema de Ayau es la prosperidad, la cual ubica en el intercambio voluntario, como un juego que no suma cero, donde una parte se beneficia solamente si la otra parte también se beneficia. Ésta es una tarea permanente, de repetir la misma tesis, en diferentes versiones, ante la incredulidad de la opinión pública, ante los intereses especiales de la clase política.

La teoría de Ayau es que los costos comparados son la esencia de la acción económica; pero, a pesar de ello, las conclusiones que se derivan de esa ley fundamental son contra -intuitivas dentro del debate público por ejemplo, el hecho que la razón de ser de las exportaciones son las importaciones o que la finalidad del dinero es deshacerse del mismo o que prohibir, la apertura unilateral es nada más que un castigo al consumidor local o que la balanza comercial es una mera ficción numérica, basada en la falacia que los países (no las personas) intercambian bienes y servicios.

Es, sin duda, una gran paradoja de comunicación.

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