El ser humano es muchas cosas sin querer ser ninguna. Hay quienes en lo más recóndito de su ser guardan prejuicios que no quieren admitir pues son parte de un entorno, que desde su perspectiva es completamente normal, aunque inconscientemente lleve al ser humano a desearle mal a su prójimo.

Algo tan sencillo como exigir igualdad de géneros puede llegar a ser un insulto tan grande, una ofensa tan amarga, un quiebre de tal calibre de lo aceptable, que la embestida para proteger la intolerancia se centra en causar dolor al interlocutor. Simplemente hay un profundo descontento cuando quien se odia triunfa y una alegría profunda cuando quien se detesta atraviesa amarguras.

El otro día afirmé que era anacrónico abogar por un sector de las telecomunicaciones que excluya la opinión de las mujeres. Mas una voz me indicó que todo bien, pero simplemente no había suficientes expertas en el mercado para lograr confeccionar un simple evento del sector donde fuesen ellas las protagonistas. Recibí más de un desafío para lograr mencionar los nombres de quienes en un mundo “utópico” serían ellas las protagonistas.

Mi reacción fue primero corregir el “utópico” pues no hay imposibilidad de que pueda suceder lo que estaría sugiriendo, sería más apropiada la palabra “hipotético” pues tiene más cercanía con la realidad. Lo segundo que les dije es que en estos momentos en México un evento de telecomunicaciones requiere alrededor de 15 a 20 a personas entre oradores, panelistas, moderadores e invitados internacionales, siendo las mujeres en el mejor de los casos una cuarta parte de todos los presentadores.

Mi listado preliminar (el de memoria sin hacer alguna investigación previa), me dice que para oradores y panelistas de México puedo contar con mínimo diez personas que se han distinguido por su conocimiento del sector de telecomunicaciones y su labor en el mismo durante los últimos años: Salma Jalife, Elena Estavillo, Adriana Labardini, Mónica Aspe, Judith Mariscal, Clara Luz Álvarez, Yolanda Martínez, Cristina Ruiz de Velasco, Elizabeth Peña e Irene Levy.

Entre las invitadas internacionales yo incluiría a Martha Suárez, directora de la Agencia Nacional de Espectro de Colombia; a Virginia Nakagawa Morales, quien es viceministra de telecomunicaciones de Perú; a Hannia Vega, quien es parte de la Superintendencia de Telecomunicaciones de Costa Rica; y como analistas serían invitadas Sonia Agnese, de la consultoría británica Ovum, y Gina Sánchez de Frost & Sullivan.

Además, como moderadoras de algún pánel consideraría a varias de las periodistas de gran trayectoria del mercado como Carla Martínez, Susana Mendieta o Guadalupe Michaca. Por último, para no ser acusado de sexista habría tres hombres conocedores del sector invitados a esta conferencia Ernesto Piedras, Enrique Melrose y Ricardo Zermeño.

Claro que siempre me encontré con un pero, con una pregunta, con una contradicción. Cuando respondía que el conocimiento no tiene género y que estaba cansado de ir a eventos donde muchos oradores hombres no decían nada, simplemente me respondían un “pues tienes razón”. De todas formas, el hecho que haya tenido que listar las expertas, de las que me acordé de memoria (mil perdones para todas las que excluí por mi limitada capacidad neuronal) me indica lo lejos que nos encontramos de alcanzar esa armonía donde lo que importe sea el conocimiento y la capacidad de cada persona y no lo que lleve entre las piernas.

Pero el prejuicio no siempre es pasivo, no es de quedarse encerrado en un cuarto esperando a que la buena racha de su desventura pase. Los sentimientos de destrucción que se van acumulando tarde o temprano estallan impactando a todos aquellos a su alrededor. Es por esta razón que hay que ser vigilante y no quedarse callado cuando nos enfrentemos a lo que aparentemente es el discrimen de género.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.