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Un turbio panorama social
Ante la avalancha de información incompleta y a veces cuestionable, es bienvenida la edición 2020 de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) que presentó el INEGI el 28 de julio. Muy rica en información social, se levanta cada dos años y en 2020 se aplicó en más de 105 mil viviendas. La información que arroja revela mucho sobre las condiciones sociales de los hogares. Sirve también para el análisis y mejora de las políticas públicas. Usando la ENIGH como insumo esencial, CONEVAL publicó el 5 de agosto la medición de la pobreza 2020. El panorama en materia social que muestran es turbio.
La ENIGH muestra una caída en el ingreso de los hogares mexicanos de 5.8% en términos reales entre 2018 y 2020. El principal componente del ingreso de las familias es el laboral, y éste cayó en 10.7% como resultado de las restricciones a la movilidad y la actividad económica y el mayor desempleo. Las transferencias a los hogares son un mecanismo de política pública para elevar el ingreso de las familias. El ingreso por transferencias creció en 8.3%, según la ENIGH, lo que, sin duda ayudó a muchos hogares, pero no logró contrarrestar la caída total en el ingreso antes señalada. El problema podría ser el monto, pero en este caso parece más bien uno de diseño y de focalización de los programas. Como señala un análisis de Gonzalo Hernández Licona (https://tinyurl.com/7e9xdt88), a pesar de que el apoyo monetario de programas y becas aumentó en términos absolutos, cayó en 32% para el decil de menor ingreso, mientras que aumentó para el 30% de la población con mayor ingreso. El gobierno actual no sólo canceló programas bien focalizados hacia las personas con menor ingreso, como era el caso de Prospera, sino que al pretender universalizar los apoyos, ignoró que los más pobres enfrentan mayores problemas de acceso a los programas, por lo que la focalización es necesaria. Otra falla de la política social y económica fue el escaso apoyo otorgado a empresas para evitar el desempleo o a los trabajadores informales. Además, el gobierno buscó evitar mayor daño a la economía minimizando las restricciones a la movilidad y actividad económica, pero fue tímido en aplicar medidas que redujeran contagios y muertes, como hubiera sido la promoción decidida del uso de cubrebocas, la aplicación masiva de pruebas, o apoyarse de las autoridades estatales y en el sector privado para acelerar la vacunación.
Coneval señala que en 2020, 3.8 de personas adicionales se sumaron a las filas de la pobreza, que pasó de representar el 49.1% de la población a 49.3%. También aumentó la pobreza extrema, pasando de 7% a 8.5% de la población. La pobreza no solo se refleja un ingreso reducido, por lo que Coneval acertadamente considera también otras dimensiones en su medición. Una de ellas es el acceso a servicios de salud. La cancelación del Seguro Popular y su desordenada sustitución por el INSABI aumentaron la carencia en este rubro, sufrida por 20.1% de la población en 2018, incrementándose a 35.7% en 2020. Además, mientras que el gasto total de las familias tuvo una caída del 12.9% entre 2018 y 2020, el único rubro de gasto de los hogares en el que se observa un incremento es salud: ¡40.5% más! El gasto de bolsillo en salud de las familias mexicanas, que ya era alto en comparaciones internacionales, es ahora mayor. Considerando la caída en el ingreso, las familias compensan el mayor gasto en salud reduciendo otros gastos que también inciden en su desarrollo, como es alimentación, educación y transporte. Además del impacto en la pobreza , al crecer la inseguridad alimentaria y tener menor logro educativo, entre otras carencias, hay retrocesos evidentes en el desarrollo humano de las familias y en sus oportunidades de movilidad social. Según datos de Daniel Hernández, Marco Fernández y colegas del Tecnológico de Monterrey, por ejemplo, mientras que la cobertura de Educación Media Superior aumentó entre 2006 y 2018 de 57.9% a 78.8% de la población objetivo, en 2020 retrocedió al nivel de 2016: 76.6 por ciento.
Por otra parte, la ENIGH apunta a una ligera reducción en la desigualdad por ingresos, debido a que el ingreso de los deciles superiores cayó más que proporcionalmente que el de los inferiores y, al que el primer decil tuvo una ligera mejoría en su ingreso (1.3%). Si bien la menor desigualdad puede dar cierta alegría, el que ocurra en un contexto de caída generalizada en los ingresos de los hogares no es muy satisfactorio. En términos de bienestar social, es mejor si la desigualdad se reduce en un entorno de ingresos crecientes para toda la población, donde los ingresos de los que menos tienen suben proporcionalmente más. Hay otras desigualdades, por ejemplo, la de género, patente en la ENIGH al señalar la diferencia en ingreso y educación entre hombres y mujeres, o las desigualdades geográficas. La pandemia, a su vez resalta la desigualdad inherente en la brecha digital que impide a muchos estudiar o trabajar desde casa.
La ENIGH y el trabajo de Coneval dan cuenta de muchos de los retos sociales que enfrentamos. En las próximas semanas tendremos mayor análisis de la información arrojada. Sin duda las autoridades se incomodarán con algunos de los resultados, e incluso alegarán que tienen otros datos (sin decirnos cuáles). Mejor harían, sin embargo, en pensar como puede utilizar esta y otra información ofrecida para mejorar las acciones públicas en beneficio de los mexicanos.
*El autor es especialista en políticas públicas. Profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey. Opiniones personales.
Twitter: @GustavoMerinoJ