La semana pasada, el presidente Felipe Calderón designó a su coordinador de asesores, Alexis Milo Caraza, como nuevo Comisionado de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel). Este nombramiento es descaradamente violatorio del artículo 9-C de la Ley Federal de Telecomunicaciones, que establece como requisito para ser designado el haberse desempeñado en forma destacada en actividades profesionales, de servicio público o académicas relacionadas sustancialmente con el sector telecomunicaciones .

La Presidencia de la República pretendió justificar la experiencia del doctor Milo arguyendo que era el responsable de una supuesta agenda digital nacional que no existe y que supervisaba la política de telecomunicaciones, como si el desempeño destacado en esta área se adquiriera como el ántrax: por papeles que pasan frente a tu nariz.

El desdén de Calderón por la ley y su obsesión por subordinar la autonomía de la Cofetel a su agenda política habla mucho de su estilo personal de gobernar. Es de suponer que si el Presidente viola la ley para imponer a un incondicional en la Cofetel pretenderá hacer lo mismo con el candidato del Partido Acción Nacional (PAN) a la Presidencia de la República. Señales hay muchas. Vaya, hasta le prestó el Palacio Nacional a su delfín, Ernesto Cordero, para que lanzara su campaña por la candidatura.

Seguramente algunos me recordarán que el dedazo no es práctica común en el PAN y quizá sea así, pero sí es práctica común en Felipe Calderón. Alexis Milo, Germán Martínez y César Nava son claros ejemplos de ello. Podría pensarse que si la vocación autocrática de Calderón consigue imponer a Cordero como candidato del PAN -quien, por cierto, no gana ni en su cuadra-, estaría regalando la Presidencia al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Sin embargo, hay señales de que, en paralelo, el Presidente pretende torpedear al PRI con las armas de su guerra contra las drogas. De tener éxito en ambos frentes sólo habría un ganador: Andrés Manuel López Obrador.

Muchos de los que votamos por Calderón lo hicimos en realidad en contra de López Obrador. Por paradójico que pueda sonar, fue López Obrador el que hizo Presidente a Calderón. Más paradójico aún sería que en su afán de imponer a Cordero y torpedear al PRI, Calderón hiciera Presidente a López Obrador.

En mi opinión, el mesianismo y la megalomanía de López Obrador fueron y son un peligro para México. López Obrador nos ofrece salvar a México. Adolfo Hitler ofreció salvar a Alemania. López Obrador pretende encarnar al pueblo. Adolfo Hitler pretendió encarnar al pueblo. Hitler llegó al poder por el voto de los alemanes, hartos de una democracia de partidos que lejos de solucionar sus problemas los empeoraba.

Hoy, los mexicanos estamos hartos de una democracia formal en donde los partidos se la viven enfrentados por estupideces y no resuelven uno solo de los reclamos sociales. López Obrador tiene alma de dictador y fácilmente puede capitalizar el hartazgo de los mexicanos respecto de esta democracia de burócratas. Me podrán decir que Hitler era un fascista de ultraderecha y que López Obrador es de izquierda. Puedo contestar que más allá de matices ideológicos, Stalin no era menos dictador que Hitler y López Obrador no sería menos dictador que Chávez.

Señor Presidente: por lo que resta de su administración, por favor, actúe como estadista y no como jefe de partido. Desista en su afán de imponer a Ernesto Cordero como candidato del PAN y absténgase de usar las herramientas del Estado con fines electorales. En un Estado en descomposición sólo los radicales triunfan y hoy los radicales están con López Obrador.