Lleno de realismo y esperanza se queda uno cuando termina la lectura del último libro del banquero de los pobres, Muhammad Yunus Un mundo de tres ceros, la nueva economía de pobreza cero, desempleo cero y cero emisiones netas de carbono (Paidós, Buenos Aires, 2019). Y cómo hacen falta lecturas inspiradoras como ese libro, más en estos tiempos aciagos. 

El capitalismo neoclásico exige recambio, ya chirría. La idea de que el hombre sólo busca maximizar sus ganancias, actuando en base a maximizar el placer y eliminar el dolor, ya no se sostiene. En el hombre hay también un afán de gratuidad, de trascendencia, de altruismo, que los millones de productos que uno puede obtener en Amazon no pueden eliminar. 

Los problemas actuales ya no se resuelven solamente con las empresas tradicionales maximizadoras de beneficios. Junto al capitalismo tradicional -y quizá causado por éste- hay infinidad de problemas sociales (sanitarios, de empleo y de medio ambiente) que las organizaciones capitalistas no pueden resolver. No se trata de eliminar a éstas, sino de completar su papel con las empresas sociales, que buscan resolver problemas económicos (como la pobreza) a través de la satisfacción de necesidades sociales sin emisiones contaminantes. Es importante recalcar que las empresas sociales no buscan fines de lucro, porque buscan enaltecer el afán de trascendencia que hay en el hombre. No está mal que las empresas busquen fines de lucro mediante la satisfacción de necesidades sociales, pero el afán de ganancia empobrece la visión del hombre que tales empresas propenden, por lo que se trata de visiones complementarias, no contradictorias. 

Y el propio Yunus puso el ejemplo con la creación de los microcréditos a través del Grameen Bank. Yunus se dedicó a otorgar pequeños créditos a la gente pobre con necesidades financieras para la creación de emprendimientos, a una tasa asequible (Yunus habla de un 20% anual como tasa óptima) y con cantidades pequeñas, de a veces entre 50 y 100 dólares, que se cubren en pequeños abonos para dedicarlos a la actividad empresarial. No fue Yunus el único creador o el fundador de las empresas sociales, pero es quizá el que más ha ayudado a difundir su concepto y su creación. 

La propuesta de su libro es lograr erradicar la pobreza (primer cero), a través de la creación de empleo (segundo cero), sin emitir gases netos de carbono (tercer cero), por medio de las empresas sociales. Lo bueno de leer el libro es que uno se da cuenta que esto es posible, pero no si nos movemos exclusivamente en la línea del capitalismo contemporáneo, a la búsqueda de un empleo, creado por las grandes empresas, que satisfacen necesidades superfluas de los consumidores. El hombre es un emprendedor; la filantropía es una fuerza creativa tan poderosa como el interés propio. No es un sueño: millones de personas y organizaciones han adoptado esta nueva forma de capitalismo social al crear empresas sociales innovadoras, diseñadas para satisfacer las necesidades humanas y no la acumulación de riqueza. Lo que hace falta es empujarlo, promoverlo, darlo a conocer. 

En tiempos de pandemia, tras la caída del 8.5% del PIB el año pasado y las nuevas variantes del COVID-19, mientras vivimos con discursos absurdos e improductivos sobre la persecución a expresidentes, es momento de dejar fuera estos paradigmas y ahondar en los que propone Yunus.  

Esta es la versión de izquierda que yo esperaba que fuera a promover López Obrador y que he desarrollado en mi último libro Resolvamos esta crisis ya (Miguel Ángel Porrúa, México, 2021). La 4T se ha apoderado del discurso público y social; hay que pensar fuera de la caja: Yunus ayuda a hacer realidad estos nuevos paradigmas.