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Un millón de amigos
Por allá de los años 70 Roberto Carlos, cantautor brasileño, interpretaba una canción que sonaba tan melosa como muchas canciones de esa época. Una letra optimista, empalagosa, que hablaba de querer juntar 1 millón de amigos.
Quiero llevar este canto amigo a quien lo pudiera necesitar/ Yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar .
Con ese mismo tono optimista, hoy existe alguien más que quiere un millón de amigos. Porque seguro que si le augura a alguien que va a conseguir chamba en estos tiempos y lo logra, seguro se hace su cuate.
Y Ernesto Cordero, secretario de Hacienda, desborda optimismo como Roberto Carlos y canta, junto con su coro de pajaritos, que para este año la economía mexicana va a crear 1 millón de empleos.
Lo que tenemos hasta ahora es el inicio de una recuperación. La acumulación, sí, de datos buenos. Pero todavía lejos de poder cantar victoria, como lo hace el responsable de las finanzas del país.
Las matemáticas para llegar al millón que plantea Ernesto Cordero en materia de creación de empleos, parten de los 289,000 plazas creadas durante el primer trimestre. Y claro, si fuera cosa de multiplicar esto por los cuatro cuartos del año, pues entonces sí que nos da el millón.
Pero la economía es mucho más complicada que la multiplicación de los panes. Primero que nada, no todos los trabajos formales creados entre enero y marzo son definitivos, hay una buena cantidad de temporales.
Después, el punto de partida es muy bajo. Las empresas que se vieron en la necesidad de despedir personal para sobrevivir a la crisis, están en proceso de recontratación al ritmo que marque la demanda y ésta no es tan bollante.
Es difícil pensar que podrán las empresas recuperar en esta primera parte del año, el nivel de ocupación que tenían a mediados del 2008.
Además, los sectores que pueden presumir una recuperación están dentro del sector industrial y dentro de esto sólo las actividades manufactureras.
Porque la industria de la construcción, tan intensiva en mano de obra, está todavía en los suelos.
El sector servicios no da visos de esos números tan dinámicos y tendrá una recuperación gradual. Vamos, no pinta para el millón. Así, la recuperación inicial de empleos, que sin duda ha dejado con la boca abierta a muchos analistas, no tiene sustento para mantenerse como una constante el resto del año.
No hay bases internas suficientes para pensar que el millón de empleos es posible.
Aun si se aprobaran esta misma semana las reformas estructurales pendientes: energética, fiscal, laboral, de seguridad y justicia. Aun así sus resultados tardarían en llegar a la economía.
Desde su publicación en el Diario Oficial hasta el aumento notorio en el PIB, pasarían años. Aunque de entrada suena como algo imposible que la clase política que padece México pudiera aprobar cambios estructurales.
No se puede desatender la amenaza de recaída que pesa sobre la economía mundial hacia finales de este año, cuando el factor fiscal tenga más peso en las finanzas de los países desarrollados.
La base de comparación aumentará hacia el último trimestre y las tasas de recuperación tenderán a moderarse.
Entonces, si Ernesto Cordero quiere un millón de amigos, tendría que ser mucho más prudente con sus estimaciones. Porque no hay forma lógica, sensata y serena de creer que este país puede, como está crear chambas de a millón. Aunque realmente debería estar creando 2 millones de puestos laborales.
La primera piedra
Ayer por la mañana, JP Morgan Chase le hizo la mañana a los mercados con resultados financieros mucho mejores que los esperados por éstos. Incluso, con el adelanto de la creación de más de 9,500 empleos este año.
Sólo que Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, se encargó de poner los pies en la tierra a los que saben que más vale escuchar lo que la Fed tiene que decir.
Lo que este banquero central no se puede quitar de la cabeza, es el alto déficit fiscal que aqueja a la economía estadounidense. Tampoco puede obviar que más allá de los mejores indicadores económicos, el desempleo mantiene tasas altas y con pocas posibilidades de mostrar una recuperación marcada en el corto plazo.
A cualquier autoridad financiera del mundo le toca generar confianza, sin duda. Pero siempre con los pies en la tierra.