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Opinión

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Un buen año para la economía China

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Tras el abandono por parte del gobierno de su política de cero covid en diciembre, y especialmente desde mediados del mes pasado, la economía china ha vuelto a la vida. Impulsada por la expansión fiscal y monetaria, para la cual China tiene un amplio margen, puede lograr un crecimiento del PIB del 6 % este año

BEIJING – En marzo de 2022 el gobierno chino estableció un objetivo de crecimiento anual del PIB de entre un 5 y un 5.5%. En esos momentos, esos niveles de crecimiento parecían perfectamente alcanzables. Pero apenas pasó un mes y la variante Ómicron ya había llegado, generando estrictas cuarentenas que, aunque limitaron la propagación del coronavirus, causaron serios daños a los lados de la oferta y la demanda de la economía del país. El índice de crecimiento de China acabó siendo de apenas un 3% en 2022.

Sin embargo, hoy la economía china se puede ver con optimismo. Tras el rápido cambio de gobierno de su política de cero covid en diciembre -y, en especial, desde la mitad del mes pasado- la economía ha resucitado. Esta vitalidad renovada se pudo ver en los feriados del Festival de la Primavera a fines de enero, cuando más de 300 millones de chinos salieron de viaje, 23% más que el año pasado.

Existen buenas razones para esperar un crecimiento significativamente mayor en 2023. Para comenzar, la tasa básica reflejará el bajo índice de 2022. Dado el crecimiento del PIB promedio de 4.8% alcanzado en 2019-22, un cálculo somero sugiere que China podría alcanzar un crecimiento del PIB de cerca de un 6% en 2023.

Más aún, China todavía tiene un amplio margen para medidas expansionistas fiscales y monetarias. En el ámbito monetario, hay espacio para reducir los requisitos de reservas para los bancos y las tasas de interés, como la tasa de recompra inversa a siete días y la línea de crédito a mediano plazo.

En cuanto a la política fiscal, hay una inquietud generalizada -y legítima- sobre la alta proporción de apalancamiento de China. Sin embargo, la relación de deuda a PIB del gobierno sigue siendo significativamente más baja de que la mayoría de las economías avanzadas. Si añadimos a eso el más rápido crecimiento del PIB chino y sus altos índices de ahorro, es evidente que la posición fiscal de China es mucho más sólida que la de la mayor parte de los países desarrollados.

La pregunta es cómo distribuir el apoyo de las políticas disponibles. Dadas las sombrías perspectivas globales, no se puede esperar que las exportaciones sean un factor impulsor principal de crecimiento este año, a pesar de que fueron un importante aporte al mismo en 2022. La demanda de los consumidores puede apoyar el crecimiento si se recupera con solidez: en 2022, el consumo final contribuyó solo un 32.8% al crecimiento del PIB, a pesar de representar cerca del 55% del PIB. Pero sigue siendo incierto el efecto probable de las medidas directas para estimular la demanda de los consumidores.

En lo que sí podría ser útil la política fiscal expansionista es en el apoyo a la inversión. Si bien el aporte de la inversión al crecimiento del PIB ha disminuido de manera importante desde 2010, fue su principal motor en 2022. Sí, es cierto que la inversión en bienes raíces bajó en un 10%, pero la inversión en manufactura e infraestructura creció en un 9.1% y un 9.4%, respectivamente.

La mejor esperanza que puede albergar China para el sector de los bienes raíces en 2023 es que inversión se estabilice, mientras que las fuerzas del mercado vinculadas al desarrollo industrial y tecnológico decidirán la mayor parte de la inversión en el sector manufacturero. Sin embargo, la inversión en infraestructura amerita un apoyo fiscal.

Algunos economistas han planteado que China ya sufre de un exceso de inversión en infraestructura, citando los niveles masivos de desperdicio y los elefantes blancos. Si bien tienen razón en que China ha hecho inversiones ineficientes, las necesidades de infraestructura del país todavía no se han satisfecho. Por ejemplo, la pandemia puso de relieve insuficiencias en la infraestructura de sanidad pública del país. En términos más generales, y en comparación con los países desarrollados, la brecha de infraestructura de China (per cápita) es enorme. Así, sigue habiendo importantes necesidades en este ámbito, solo que hay que mejorar la precisión de sus objetivos.

Por supuesto, otro acontecimiento inesperado como fue la pandemia podría afectar las aspiraciones de crecimiento de China para 2023. Un impedimento más probable es el aumento de la inflación, como ha ocurrido en gran parte del resto del planeta.

A lo largo de la última década, la tasa de inflación en China ha sido muy baja, con el índice de precios al consumidor promediando menos de 2%. Sin embargo, la pandemia significó un golpe importante a la capacidad productiva del país, y puede que tome tiempo reparar las cadenas de suministro y eliminar los cuellos de botella en la producción. Como resultado, puede que la oferta no pueda mantenerse al ritmo del crecimiento de la demanda que acompaña a la reactivación. El desequilibro resultante hará que la inflación se eleve este año, al menos por un tiempo.

La mayor inflación obstaculizará la capacidad del gobierno de implementar una política fiscal y monetaria expansionista, pero la prioridad ha de ser estabilizar el crecimiento, por lo que China puede tener que tolerar una inflación superior al 2-3%. Es muy posible que uno de los mayores desafíos para China este año sea encontrar el equilibro justo entre la estabilidad de los precios y el crecimiento.

La expansión fiscal y monetaria no puede solucionar los problemas estructurales de China, pero puede crear espacio para llevar a cabo el amplio programa de reformas establecido en el 18º Congreso Nacional del Partido Comunista de China en 2012. El programa hizo un llamado al gobierno para que “estimule, apoye y oriente el desarrollo del sector no público”; “mejore el sistema de protección de los derechos de propiedad”; establezca las bases “para que el mercado desempeñe un papel decisivo en la asignación de recursos”; “cree un sistema de mercado moderno en el que las empresas disfruten de una administración independiente y una justa competencia”; y “desarrolle un gobierno basado en leyes y orientado a los servicios”.

El gobierno debe actuar con rapidez, dada la posibilidad de que su margen de expansión macroeconómica se reduzca si se eleva la inflación del IPC y se consolidan otros posibles factores limitantes. Si los líderes chinos hacen un uso óptimo de la política fiscal y monetaria e impulsan decididamente la reforma y la apertura, podrán asegurarse de que 2023 sea un muy buen año.

El autor

Yu Yongding, ex presidente de la Sociedad China de Economía Mundial y director del Instituto de Economía y Política Mundial en la Academia China de Ciencias Sociales, se desempeñó en el Comité de Políticas Monetarias del Banco Popular de China de 2004 a 2006.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

Copyright: Project Syndicate, 1995 - 2023

www.projectsyndicate.org

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