Siempre digo que el dinero no es un fin en sí mismo, sino un medio que nos permite lograr algunas de las cosas que son más importantes para nosotros. En este sentido, el manejo de nuestras finanzas personales en el día a día debería ser simple y no tomarnos demasiado tiempo, que es quizá el recurso más valioso que tenemos. El tiempo es para disfrutarlo y no para preocuparnos o estresarnos.

Por eso nuestras finanzas no tienen que ser complicadas. No necesitamos varias cuentas de banco, mucho menos siete tarjetas de crédito distintas, incluidas las departamentales. Recordar distintas fechas de corte y de pago es complejo y hacer transferencias o transacciones durante varios días del mes no es eficiente para nada. 

Lo que necesitamos entonces es un sistema y una manera simple de manejar nuestro dinero que nos permita automatizar lo más posible el ahorro y la mayoría de nuestros pagos, que nos dé claridad y elementos para tomar decisiones cuando lo necesitemos hacer. Y manejar el menor número de cuentas posibles. 

Hay gente por ejemplo que abre cuentas de ahorro o inversión diferentes, porque tienen distintos objetivos. Yo lo intenté una vez y no funcionó. Tenía cuatro: una para el retiro, otra como fondo de emergencias, una más como ahorro para la educación de mi hija y la última para viajes y vacaciones. 

Era una locura administrar eso, por varias razones. No se podía domiciliar el ahorro, entonces cada vez que me pagaban, hacía cuatro transferencias. Pero cada cuenta además representaba un objetivo distinto con su propio horizonte y estrategia de inversión. Así, tenía que llamar para que se invirtiera correctamente. Me tomaba demasiado tiempo y era complicadísimo. No funcionó. 

Entonces leí algo que me abrió los ojos. La gente está acostumbrada a tomar sus decisiones de gasto simplemente viendo cuánto dinero tiene en su cuenta de banco. Por eso no les funciona hacer presupuestos y por eso necesitan tener su dinero separado: para no gastárselo en otra cosa. 

La gente que logra tener un control de su dinero es aquella que usa su plan de gastos como una herramienta para tomar decisiones. Que no mira el saldo de su cuenta bancaria porque ese no es importante, sino el trabajo que le han asignado a cada uno de esos pesos. 

Quiero ilustrar esto con un ejemplo. Cuando es quincena, nos pagan 20,000 pesos en nuestra cuenta de nómina. Entonces hoy mismo nos sentamos y decidimos cómo vamos a gastar ese dinero. Le asignamos a cada uno de esos pesos un trabajo, como sigue: 

2,000 como ahorro para el retiro 

1,000 al fondo para emergencias

4,000 para el supermercado

1,000 para servicios

1,000 para entretenimiento

9,000 para la hipoteca

2,000 para gastos irregulares (seguros, predial, vacaciones) 

Si esta semana fuimos al súper y nos gastamos 2,400 pesos, significa que sólo nos quedan 1,600 para la siguiente quincena. Ese es el saldo que importa y no cuánto tenemos en el banco.

Asignar a cada peso que ganamos un trabajo es, efectivamente, separar nuestro dinero. Los demás pesos no son iguales: tienen distintos trabajos. Así, nuestro plan de gastos se convierte efectivamente en una herramienta que nos ayuda, porque cada vez que queremos saber cuánto nos queda para gastar en esa categoría (cuánto hay disponible), lo que miramos es nuestro plan de gastos y no el saldo que tenemos en el banco. Ese deja de ser relevante. 

Acostumbrarse no es difícil, pero sí nos toma tiempo. Es un proceso, pero fundamental en la simplificación de nuestras finanzas personales. En la segunda parte hablaremos de mecanismos que nos permiten automatizar varias cosas. 

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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