La realidad ha muerto porque la razón ha dejado de existir.

Trump no sorprendería con su segunda victoria electoral.

No hay escándalo que sumerja a Donald Trump en las encuestas. Su imagen pública es la que es, y la ética ha dejado de ser un catalizador de la vida pública.

A Trump lo han acusado decenas de funcionarios, pero los efectos políticos sobre su persona carecen de valor. El juicio político en su contra fue de caricatura. Nació como escándalo y murió como parodia.

Bob Woodward, un referente del periodismo estadounidense ha retratado a Trump utilizando las propias declaraciones que el propio presidente le ha dado: monstruo de la mentira, del conflicto, de la nula preparación y del racismo. Lo hizo a través del libro Miedo y ahora en Rabia. Logró que Trump le confesara que desde el principio de la pandemia sabía del peligro que representaba para la población, pero prefirió mentir para evitar el estado de pánico. La revelación no  le provocará un tropiezo a Trump.

“Podría disparar a gente en la Quinta Avenida y no perdería votos”. La frase la dijo Trump en enero de 2016. Era candidato. Su interpretación sonaba a soflama electoral. Han pasado casi cinco años de que la mencionara y ahora amerita una profunda reflexión.

James Comey, siendo director del FBI fue presionado por el presidente para que dejara en paz a su asesor Michael Flynn, sobre algunos encuentros que sostuvo con el embajador ruso durante la campaña electoral de hace cuatro años. El encuentro por sí no era un delito, pero Flynn mintió durante una sesión del Congreso. No pasó nada.

Michael Cohen fue un abogado personal de Trump. Le pagó a la actriz Stormy Daniels para evitar que revelara la relación que sostuvo con Trump. Cohen fue declarado culpable de varios delitos, incluyendo el fraude fiscal en beneficio de Trump. No pasó nada.

La lista parece interminable: Jim Mattis, Jef Sessions, John Kelly, Alex Acosta, John Bolton y Steve Bannon, entre otros.

Trump pudo decir que evitó visitar un panteón en Francia hace un par de años, porque están enterrados soldados de su país “losers”, perdedores. Y no pasa nada.

Las demografías latinas de Florida y Arizona apapachan a Trump. El condado Miami-Dade donde el 70% de la población es latina, una mayoría de esta votará en las elecciones presidenciales por Trump. Arizona, el estado donde uno de cada dos habitantes es de origen mexicano, Trump va adelante en las encuestas en el segmento latino. Ni la construcción del muro ni la política migratoria racista de “cero tolerancia”, patentada por Jeff Sessions, son argumentos que incentiven a los latinos a votar por Biden. Al contrario, aplauden la dureza del presidente en materia migratoria y de seguridad.

¿En qué momento la política dejó de respirar la realidad? Los hechos alternativos escapan de toda razón.

faustopretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.