El trigo se caracteriza por ser un cultivo muy aceptado por los productores del Bajío, en la década de los 90 registró en promedio una superficie sembrada de más de 120,000 hectáreas, logrando producir cerca de 1 millón de toneladas de grano gluten suave tipo harinero.

Las variedades más rendidoras y resistentes a enfermedades, principalmente royas o chahuixtles y carbón parcial, fueron la Salamanca S75 y Cortázar S94, que aún persisten en el gusto de los agricultores, aun cuando el INIFAP y la industria están promoviendo nuevas variedades como la Bárcenas S2002.

Por otro lado, la industria dedicada al pan de caja demanda trigos de gluten, fuente de alto contenido proteico, por lo que se requiere un cambio en las variedades utilizadas, en el manejo agronómico y en la nutrición del cultivo, con el fin de lograr el nivel de proteína requerido de más de 13.0% y la eliminación de panza blanca que es una malformación fisiológica provocada por aumento de almidón en el grano, y que está fuertemente influenciado por la genética, la fecha de siembra y época de aplicación de los fertilizantes nitrogenados.

Para lograr que un trigo con estas características sea aceptado por los productores, requiere en principio que tenga un potencial de rendimiento superior a las 7 tn/ha o que la industria compense los bajos rendimientos con sobreprecio por contenido proteico entregado.

Para ello, se requiere promover entre los productores un programa de desarrollo de proveedores, donde a través del establecimiento de contratos se definan las características de calidad y especificaciones que se exigiría en la recepción del grano.

Actualmente, se promueve la siembra de dos variedades, la Josecha F2007 y Monarca F2007, que pueden desempeñarse bien en la región para estos propósitos; sin embargo, la escasez de agua en el ciclo otoño-invierno que es cuando se siembra el trigo, va a requerir de mayor investigación para poder liberar en el futuro materiales de menor demanda de agua.

En tanto no se logre lo anterior, se precisa urgentemente inducir a los productores para que adopten sistemas de producción más eficientes en el uso del agua, como la labranza de conservación y la tecnificación de riego que se han demostrado exitosamente en el CDT Villadiego en Guanajuato, donde se han documentado resultados sobresalientes al producir 1 tonelada de cereales con 530 m3 de agua, contra 1100 m3 que utiliza el productor con riego rodado en labranza tradicional.

*Leovardo Contreras Alvarado es especialista del CDT Villadiego. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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