La mujer en la vida económicamente activa siempre ha tenido presencia y aun cuando no debiera distinguirse de la importancia del trabajo del hombre, bien sabemos que no se valora con la misma medida. Por lo general se elude la demostración de sus aptitudes, su capacidad y valor para asumir tareas de alto nivel en el ámbito político, económico y social.

Los tiempos han cambiado y más cambiarán con o sin cuotas. Ahora el rumbo de México debe ser de reconocimiento a la capacidad y competencia intelectual, a la preparación, compromiso y entrega, sin importar el sexo. La conciencia del valor de las actividades de las mujeres ha sido un largo y áspero camino en que nos hemos esmerado por siempre en demostrar interés y capacidad por participar y “estar” presentes en el ámbito político y económico; sin embargo, aún no se desvanecen las desproporcionadas brechas con los varones.

Hoy, con la representación femenina en las Cámaras de Diputados y Senadores y en el gabinete que funcionará a partir del próximo 1 de diciembre, la expectativa es alentadora y por ello quisiera referirme a tres importantes mujeres en el escenario político: una de ellas es la ministra en retiro, Olga Sánchez Cordero, futura secretaria de Gobernación, quien, como ella misma lo ha expresado, nacida en el seno de una familia conservadora y guiada por su padre notario y excelente catedrático universitario, abrazó las funciones notariales y asumió la más alta magistratura a la que cualquier profesional de la abogacía anhelaríamos.

Nos conocimos en la Facultad de Derecho de nuestra respetada UNAM y coincidimos en la Federación de Mujeres Universitarias fundada por nuestra amiga en común, Patricia Galeana, igual mujer de talento. No cabe duda alguna que, para Olga, servir a México, más que trabajo es un anhelo. Ella ya ha probado su profesionalismo y ha demostrado su capacidad y su fervor por la igualdad de género por la que ha luchado desde diversas trincheras.

Hoy seguramente la continuará. Por su parte, Josefa González Blanco, futura secretaria del Medio Ambiente, hereda de su padre y de sus abuelos, distinguidos políticos mexicanos, la vocación por el servicio público quien desde adolescente ha demostrado interés por la igualdad y por las causas medio ambientales —y lo que ello representa, como es la salud—. Sus inquietudes y convicciones de justicia se revelan con su preparación e intenso trabajo que sin ánimo de lucro la ha llevado a salvar especies y cuidar de la naturaleza como pueden dar testimonio los chiapanecos. Defensora también de la igualdad de género, trabaja por convicción y por amor a México.

Por último, la futura secretaria del Trabajo y Previsión Social, la más joven de las tres mujeres a las que me refiero, es Luisa María Acalde Luján, en quien reconozco su valiente participación política como diputada federal y encuentro en ella el ejemplo de sus padres, que le inculcaron el sentimiento por la justicia social. Su madre es una mujer encantadora de recio carácter y profesionalismo y su padre, defensor del sindicalismo, con quien coincido por la búsqueda de la justicia laboral.

Tal vez no concordemos en los caminos para llegar a ella, pero la meta es la misma y, además de unirnos el respeto por el querido profesor emérito Néstor de Buen, hemos compartido congresos y foros y el interés por los derechos de la clase trabajadora. Seguramente la futura secretaria del Trabajo buscará regular la coordinación de las responsabilidades familiares y laborales, que en buena parte beneficiará más a las mujeres e igualmente impulsará la transparencia, así como la protección de los datos personales de los trabajadores y trabajadoras, más vulnerables ahora con las nuevas tecnologías, como son la video vigilancia in situ o a control remoto y/o la difusión de las trayectorias laborales que pudiera generar discriminación. El esfuerzo de estas distinguidas mujeres y su vocación por las causas sociales sí harán historia.