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Opinión

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Tragedia griega

Es urgente una respuesta a la tragedia griega para evitar su contagio a otras economías y la emergencia de una crisis global de riesgo soberano.

Como en el teatro, la tragedia de la economía griega no es accidental ni insignificante; todo lo contrario, es fundamental, producto de las decisiones de su clase política y de la suerte siempre cambiante de los mercados.

En el reporte de Grecia del Fondo Monetario Internacional (FMI), la situación se describe con todo detalle.

Por el lado de la oferta, los problemas estructurales son importantes, la población y la fuerza laboral se están contrayendo por el rápido envejecimiento de la población. La rigidez del mercado laboral genera una tasa de desempleo de equilibrio de 8.5%, en tanto que la tasa de crecimiento potencial de la economía es sólo 0.6 por ciento.

Desde la perspectiva de la demanda agregada, los problemas griegos tampoco no son menores. Desde principio de los 2000 y hasta la última recesión, la burbuja de crédito global y el llamado trading de convergencia, estimularon un crecimiento sostenido de la demanda interna por arriba del producto potencial que terminó creando un déficit crónico en la cuenta corriente de la balanza de pagos.

En su tope del año 2008, este déficit fue 16% del Producto Interno Bruto (PIB).

La tasa de ahorro doméstico (público y privado) cayó a 7% del PIB, o -3% cuando se descuenta la depreciación del acervo de capital. Esto ocurría cuando el país perdía competitividad en los mercados internacionales de producto como resultado de elevados costos laborales unitarios.

El FMI calcula que desde los 2000, Grecia ha perdido 25% de exportaciones potenciales al mismo tiempo que el tipo de cambio real se sobrevaluó entre 20 y 30 por ciento.

Una situación similar, pero de menor magnitud, ocurre con los llamados países PIGS. España y Portugal pierden aproximadamente 10% de sus exportaciones.

Por último, está el problema del balance fiscal al que se enfocan los mercados en este momento.

El déficit y deuda pública fueron 12.7 y 110% del PIB. Sin un programa creíble de ajustes estructurales en toda la economía, un default de la deuda soberana parece inevitable.

Veamos sólo un ejemplo. Sin ajustes, el déficit estructural del gobierno es 8.4% del Producto Interno Bruto de acuerdo con el FMI, lo que lleva a la relación deuda pública PIB a 153% en el 2019 y a 230% en el año 2029.

La deuda pública de Japón alcanza estos niveles y no está en riesgo de default. Sin embargo, hay una importante diferencia entre Grecia y Japón. La tasa de ahorro de Japón le hace un país acreedor frente al mundo, y le permite el financiamiento de su déficit público con ahorro interno; no es el caso de Grecia.

La urgencia de una solución queda en evidencia cuando a la situación estructural se le agrega un perfil de vencimiento de la deuda soberana sesgado hacia el corto plazo. Aproximadamente 25% del total vence en los próximos meses.

Aunque durante un largo periodo ignoraron el problema, los mercados de bonos son de nuevo los vigilantes de la solvencia crediticia.

Hace unos días el riesgo-país de Grecia era 350 puntos base (pb), 300 pb más que en diciembre del año 2007, cuando inició la última recesión.

La situación en las otras economías PIGS no es mucho mejor y se deteriora rápidamente. Es urgente una respuesta a la tragedia griega para evitar su contagio a otras economías y la emergencia de una crisis global de riesgo soberano.

rfeliz@eleconomista.com.mx

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