Ahora toca turno a los radicales; los jueces ya hablaron

La Tierra es plana (Thomas Friedman) y Steve Bannon tiene tres planes (Brexit, Trump y la destrucción de la Unión Europea).

Las fronteras simulan las soberanías (concepto que al radicalizarse se vincula con actos bélicos), pero la estética de las protestas ya es global.

Enfurecidos por la sentencia contra los actores del procés una multitud catalana montó una performance al estilo Hong Kong la noche del lunes: cubrieron el aeropuerto del Prat con el manto del caos que produce el efecto de la resonancia en cada uno de los vuelos cancelados por la atrofia de los servicios.

“No nos incumbe ofrecer soluciones políticas a un problema de raíces históricas”, sentenciaron los jueces. Acto seguido, la prensa española levantó pancartas y el presidente catalán asumió la defensa radical hacia los suyos, los independentistas, y dejó sin cobija a los catalanes no independentistas.

El periodista Federico Jiménez Losantos, en Libertad Digital y Es Radio, pide cárcel al juez que instruyó el caso del procés, Manuel Marchena. Asegura que los políticos presos comerán turrones en la próxima Navidad en sus respectivas casas.

Los editorialistas del ABC y El Mundo aseguran que el Supremo “se bajó los pantalones” (Enric Juliana en La Vanguardia) ante la presión de los independentistas.

“El resultado, unido a la previsible gestión de la pena por los propios cómplices de los presos, dejará a muchos españoles una cierta decepción”, escribe Ignacio Camacho en ABC.

El deseo de varios medios de Madrid es ver a Oriol Junqueras y compañía por más de 20 años tras las rejas.

Por el lado del presidente Quim Torra, inicia nueva etapa. Si para muchos no era evidente que su gobierno ha dejado sin cobija a los catalanes no independentistas, desde la noche del lunes ha quedado despejada la duda. Torra se mimetiza en los Comités de Defensa de la República (CDR), el brazo radical del independentismo.

Una vez que Carles Puigdemont declaró la independencia de Cataluña flotó en el ambiente la primera célula de los CDR: fin de la política e inicio de la inestabilidad. Si los políticos van al a cárcel, entonces, les toca a las CDR incendiar las calles de Barcelona. Fin de la democracia, inicio de la oclocracia. Se trata del gobierno de la muchedumbre, donde uno es el grupo y el grupo es la nación.

Lo más peligroso en el siglo XXI serán los levantamientos oclocráticos donde la justicia es prêt-à-porter. Lista para llevar como la ropa de Zara. La justicia a la medida de las circunstancias.

“Háganme suyo”, pudo haberles dicho Torra a los CDR. Ahora ya no es el presidente, es uno más.

Pedro Sánchez eligió el camino equivocado al negarse a formar gobierno el mes pasado. Ahora está inmerso en un fuerte proceso de desgaste: ¿aplicar o no el artículo 155 de la constitución para suspender las funciones de Torra?

Pablo Casado (PP) y Albert Rivera (Ciudadanos) ya tiene el puñal detrás de la espalda. Jugarán con fuego para intentar arrinconar a Sánchez.

Mientras tanto, Federico Jiménez Losantos se integrará al coro de Vox para tratar de intoxicar (más) el ambiente.

La oclocracia ya se ve sobre Paseo de Gracia.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.