Como dice el sabio refrán popular: “No hay fecha que no llegue y plazo que no se cumpla”. El próximo lunes 2 de julio, exactamente dentro de una semana, sabremos todos los mexicanos quién será el responsable de conducir el destino de nuestro país como presidente electo para el periodo 2018-2024, tras una de las campañas más álgidas y complicadas que hayamos vivido en tiempos modernos

Vaya que no será una decisión fácil. Lejos de colores, ideologías, propuestas y reacciones a las diferentes posturas que cada candidato representa, los mexicanos tenemos una gran responsabilidad, ya que nuestra decisión no afectará o beneficiará a un candidato o partido en especial, sino la decisión que tomemos impactará negativa o positivamente en el destino de todos y cada uno de nosotros como mexicanos, particularmente en el futuro de nuestros hijos, y ahí es donde las cosas cambian.

El próximo presidente de México enfrentará varios retos, tanto a nivel interno como externo.

A nivel externo, se enfrentará a un mundo global en el que diversas potencias, incluida la economía más grande del mundo que resulta ser nuestro vecino, han adoptado políticas proteccionistas, con tintes nacionalistas y antiinmigrantes, que sin duda tendrán y ya están teniendo repercusiones en el comercio y las economías mundiales.

Entrará justo en el momento en que se ha desatado una guerra comercial entre las dos principales economías del planeta, en la que México no estaba interesado en participar y que, sin embargo, fue incluido por nuestro principal socio comercial en una lista de países a los que les serán aplicados aranceles al acero y al aluminio invocando razones de seguridad nacional, mientras que la modernización del TLCAN se ha quedado en el tintero y a la espera de que se siente un nuevo presidente en México y un nuevo Congreso en los Estados Unidos, lo que simplemente aumenta la incertidumbre en los mercados e inversionistas que participan en México.

Al mismo tiempo, habría que sumar a lo anterior la política fiscal que se ha implementado en el país vecino del norte con el fin de acelerar el crecimiento económico y los niveles de empleo en su país, obligando a la Reserva Federal a incrementar su tasa de referencia a fin de mantener contenidas las presiones inflacionarias que se pudiesen generar en ese país y que ya han impactado negativamente al peso frente al dólar, obligando a nuestro banco central a actuar en consecuencia.

A nivel interno, el nuevo presidente se enfrenta a problemas sociales que ya han alcanzado niveles graves como es el tema de la inseguridad, la corrupción, la impunidad y la falta de oportunidades, mientras que a nivel económico tendrá que lidiar con presiones inflacionarias, altos niveles de pobreza, una relación complicada con Estados Unidos, tasas de interés crecientes a nivel interno y externo, debilidad de nuestra moneda,y, como ya comentaba, a un complicado entorno global, por mencionar algunos.

A pesar de todo lo anterior, México sigue siendo un país de oportunidades. Nuestro México es un país que tiene muchas fortalezas como 45 tratados comerciales que deben ayudarnos a diversificar nuestros mercados, tenemos grandes recursos naturales, grandes extensiones de litorales, una posición geográfica estratégica, entre muchas otras ventajas, pero el principal activo de nuestro país, sin duda, es su gente.

Por eso, la responsabilidad de sacar a nuestro país adelante no puede recaer solamente en una persona. Es responsabilidad de todos nosotros.

Hoy se siente un México dividido, lleno de resentimientos y enconos. Una vez electo el nuevo presidente, México va a requerir del talento y compromiso de todos.

Los mexicanos sabemos y debemos trabajar en equipo. Tenemos que cambiar nuestra manera de pensar y anteponer al interés personal el bien común.

Llegó el momento de trabajar como uno solo. Debemos exigir más a nuestros gobernantes, pero también debemos ser cada uno de nosotros los agentes de cambio para asegurarnos de que nuestro país alcance su máximo potencial.

Tenemos la responsabilidad con nuestros hijos de dejarles un mejor país.

México ya no puede estar dividido. ¡Todos somos México!

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