Las tiendas de abarrotes, uno de los negocios más tradicionales y antiguos del país, están en riesgo por varios frentes. Por un lado, enfrentan desde hace poco más de tres décadas la competencia a escala ampliada de las tiendas departamentales, tipo Walmart o Soriana, y de las tiendas de conveniencia, tipo Oxxo y Seven Eleven. El riesgo más reciente que enfrentan las tiendas de abarrotes son la elevación de precios y los nuevos controles hacendarios aprobados en 2013 y en vigor a partir de este año.

Además del relevante papel que han jugado en la historia económica del país al ser el principal canal de distribución de productos básicos para la población, las tiendas de la esquina, son la fuente de ingresos para cientos de miles de familias mexicanas.

Según datos del Censo Económico de 2009, en el país había un millón 858,000 unidades económicas dedicadas al comercio, de las cuales 51% eran minoristas, esto es casi 900,000 negocios. Y de esta cifra, se cuantificaron 631,000 negocios como abarrotes, misceláneas y ultramarinos. Este es el universo de las tiendas de abarrotes o de las tradicionales tiendas de la esquina (hay que advertir que los datos tienen un rezago de cuatro años, por lo que podría esperarse que la cantidad de tiendas sea mayor).

Estos negocios cumplen un papel fundamental para generar ingresos a cientos de miles de familias. De las 631,000 tiendas de abarrotes o misceláneas, 97% son consideradas micro negocios pues tienen menos de diez empleados; de hecho 70% tienen apenas dos personas ocupadas. Quienes conozcan su tienda de la esquina sabrá que la mayoría son negocios familiares, son comercios atendidos por el padre, la madre y los hijos. Pocas veces se contrata a un empleado más y muchas veces ese mismo empleado es pariente del dueño de la tienda.

Como suele ocurrir cuando se miran las cosas desde arriba, desde el escritorio del burócrata o desde la curul del legislador, se estigmatiza a estos negocios al calificarlos de informales , y proponiendo medidas que pueden dañar estos negocios.

Las tiendas de la esquina cumplen un papel fundamental para la distribución y venta (es decir, realización financiera) de varias de las grandes empresas de este país: Bimbo, Gamesa, refresqueras, cerveceras, chicleras, dulceras, Sabritas, Procter & Gamble, etcétera. Ninguno de esas grandes empresas existirían sin la enorme red de distribución económica que suponen las tienditas de la esquina. La existencias de estas tiendas son un canal de distribución insustituible para estos negocios que muchas veces dejan pocas ganancias a los dueños de las tiendas.

El otro frente de riesgo para las tiendas viene de la expansión acelerada de tiendas departamentales y de conveniencia. Walmart llegó con su primer tienda a México en 1991 y ahora tiene 702 negocios, es decir ha abierto 32 tiendas por año en promedio. Seven Eleven, que llegó al país en 1976, tiene 1,600 tiendas (ha abierto 43 tiendas por año en promedio). La expansión de los Oxxos ha sido más acelerada. Abrió en 1979 su primer tienda y le llevó dos décadas llegar a su tienda número 1,000, pero en apenas quince años abrió 8,000 tiendas. Esta cadena abre 400 negocios por año, más de uno al día. Esta competencia monopólica se convierte en riesgo para muchas tienditas.

Y ahora las nuevas disposiciones fiscales de este año y los aumentos de precios de varios productos (ya sea por nuevos impuestos o por simple especulación) pondrán en predicamentos a cientos de miles de familias que viven de las tienditas. Las nuevas disposiciones fiscales podrían asfixiar económicamente y llevar a la ruina a miles de abarroteros del país; es una pésima medida que debe revertirse.

Si se quiere una mayor recaudación, mas proporcional y justa (tal como dice la Constitución), Hacienda debería empezar por cobrar los impuestos debidos a las grandes empresas y dejar en paz a negocios centenarios que no han necesitado nada del Estado para existir y sobrevivir.

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