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Shakira me salpicó

Era cuestión de tiempo. Había decidido no escribir al respecto, primero por considerar que era una historia propia de la prensa rosa. Sin embargo, viró al terreno de la industria del entretenimiento, a la monetización del odio, a la de los manifiestos de género y al product placement en tan solo tres días. El tema me salpicó justo al ver las diversas interpretaciones que daban mis hijos a dicho espectáculo. Aitana, la mayor (13 años) insistente me pedía puntos de vista y decidí escribir el más importante. Considerando además que la historia, a partir sus potentes mensajes y la alta penetración mundial en todas las plataformas digitales estaba siendo colocada en el terreno moral. Es desde aquí que comparto mi apreciación.
La estrategia a la que recurrió la cantante, en particular la hechura de los mensajes hacia su ex pareja, en uno de los géneros musicales más vendibles y de la mano de otro talentoso creador de contenidos, se instala en el derecho que estos tienen, como creadores, a la libertad de expresión creativa, pero solo a condición de subrayar que es este punto el que nos exige valorar la canción desde su límite como parte de este derecho: el del impacto negativo de esta creación en los menores involucrados. No quiero imaginar el regreso a clases que están teniendo los hijos de la pareja.
En un mundo de valores predigitales el ex futbolista podría alegar daño moral por el impacto negativo de la canción frente a sus hijos, su madre etcétera, pero en la administración digital del mundo que padecemos, que desarraiga todos los ámbitos de la vida social, el ahora empresario solo valora la forma en que el impacto social ha beneficiado a los dos económicamente. Siguen facturando. Saben, como se dice en cataluña, que Barcelona es bona quan la bolssa sona. La expresión acuñada por los comerciantes italianos, que decían que la ciudad era buena solo si lograban vender sus merecancías. Gerard Piqué se ha preparado en Harvard sobre cómo entender el mundo de los nuevos negocios, ella en Miami, cuna de la industria a la que pertenece. En ese sentido, imagino que una posible demanda por daño moral en la que él solicite la reparación del daño, solo sería posible si representa más dinero. Sí, imaginemos una sentencia donde la reparación del daño fuera, entre otras, la creación de una canción, sino de amor, de desagravio hacia él, difundida por los mismos medios de comunicación, como suelen ser estas sentencias.
Alcanzo a ver en Aitana una percepción distinta hacia Shakira. Y es que una de las primeras canciones que conoció de ella, es la que entonamos juntos al piano que lleva por nombre Boig per tu (Loco por ti). De la autoría de Carles Sabater, esta canción es parte de la educación sentimental contemporánea de los barceloneses; ha sido adoptada oficialmente como el segundo himno del Barça, es la canción que otorgó la carta de naturalización a Shakira en esta ciudad, luego de haber hecho una de sus mejores interpretaciones. La canción dista mucho de su más reciente éxito el cual, como advierto a Aitana, está lejos de ser un manifiesto feminista, como muchos lo quieren ver y adoptar, si así fuera sería una verdadera lástima, pues nos colocaría en una zoológica guerra de sexos, en la monetización del odio y en el olvido definitivo de los valores predigitales.
Nuestra conclusión es que, una cosa es tener una crisis, y otra muy distinta provocarla. Pero llegados a este punto, no hay nada que no pueda aminorarse con inteligencia y empatía (en ese orden) hacia los menores involucrados. Es necesario desdramatizar el feminismo y el despecho y comenzar mejor por resocializar el interés superior de los menores involucrados. Estas son las únicas facturas que la pareja de empresarios deberían atender, las facturas emocionales que podrían pagar a mediano plazo.