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Seriedad
Falso y mañoso, además de poco serio, es fijar la atención solamente en el momento sin tomar en cuenta la evolución durante décadas.
La política es una disciplina -como lo oyen, una disciplina, una ciencia- cuya finalidad es bien sencilla: lograr el mayor bienestar posible para el mayor número posible de ciudadanos y no el de unos cuantos que imponen sus visiones a una masa aborregada.
Por ello, su ejercicio demanda seriedad. Y seriedad es honradez. Y honradez es veracidad y las cualidades anexas: se me ocurren probidad, tolerancia, diálogo, compromiso, respeto, responsabilidad, sensatez y objetividad. En otras palabras, todo lo que se necesita para que las cosas no se estanquen sino marchen en el sentido del objetivo enunciado al principio.
La búsqueda del poder por el poder mismo, ¿acaso no es una constante en nuestra Historia?
No es serio, cuando uno es oposición, adoptar la cómoda postura de la denuncia permanente -gracias a la libertad de expresión-, de injusticias que siempre existen y de errores verdaderos o supuestos. Si los críticos profesionales realmente quieren avanzar en el interminable camino a la democracia, mal ayudan al minar lo construido a lo largo de los años, a debilitar las instituciones que, tuertas o derechas, allí están para ser perfeccionadas. También esta labor corrosiva incita a la indignación, a considerar que la democracia es una falacia, un mito, y a despertar el deseo de un gobierno fuerte, autoritario. El autoritarismo y el totalitarismo siempre están al acecho, siempre se les mueve una patita. Dígalo, si no, la Venezuela de don Hugo.
Poco serio, falso y mañoso es fijar la atención exclusivamente en el momento sin tomar en cuenta la evolución durante décadas. Por ejemplo: ¡alharaca!, el salario real se abate en el 2011, ocultando el comportamiento anterior.
Pocos serios son los dogmáticos de ideas fijas que arengan cotidiana e incansablemente a millones de ignorantes en todos los municipios del país. Los mismos prenden en comunidades con bajos estándares de educación. Se trata de comprar voluntades, votos. Llegar, ¡ya es hora!, al poder.
Poco serio es proponer que la acción para alcanzar el beneficio de los más ha de pasar por alto la meticulosa observancia de cuestiones que afianzan la estabilidad económica: baja inflación, cuentas públicas ordenadas, ambiente de confianza y seguridad propicia para la inversión y el crecimiento.
Poca seria es la docilidad de numerosos (autonombrados) intelectuales y personas inteligentes que creen a pie juntillas en la demagogia y los dichos irrefutables de la izquierda vociferante.
paveleyra@eleconomista.com.mx