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Opinión

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Ser o no ser un CEO activista

¿Es necesario en estos tiempos que los líderes corporativos aborden cuestiones de política social y ambiental, aunque estas no se relacionen directamente con el core de su negocio? 

Actualmente, es común ver cómo las acciones del CEO influyen en las políticas gubernamentales y las actitudes de los consumidores sobre la compañía que dirigen.

De acuerdo con un estudio titulado CEO Activism in 2017, de Weber Shandwick y KRC Research, 33% de los consumidores en el Reino Unido, 65% en India, 45% en Italia y 61% en Brasil consideran que las empresas necesitan adoptar una postura sobre temas controvertidos, pues sus CEO ocupan una posición capaz de incidir en la opinión pública e incluso en el gobierno de su comunidad. 

De igual forma, se revela que la exigencia no es exclusiva de los consumidores, sino también de los colaboradores. Por ejemplo, la generación millennial, defensora de diversos temas sociales, se enfoca en esta propuesta de valor antes de optar por un empleo. El estudio encontró también que más del 40% de los millennials encuestados serían más leales laboralmente en una compañía donde el CEO tomara una posición sobre un problema social. 

Todo ello plantea una reflexión en cuanto a la responsabilidad social, pública, económica y hasta política de esos liderazgos que marcan el rumbo en las organizaciones.  ¿Deben o no deben los CEO tener mayor protagonismo en el entorno, más allá de sus responsabilidades corporativas?

Hace más de setenta años el filósofo Karl Popper publicó La sociedad abierta y sus enemigos, donde hablaba sobre la libertad y la responsabilidad en un sistema social en el cual se fortalece la democracia y sobre un sistema abierto proclive al desarrollo de la persona en sociedad. 

Popper sentenciaba que los sistemas abiertos por definición son propicios a la mejora constante. Los sistemas cerrados son dogmáticos y autoritarios, y por tanto no contribuyen a la innovación o a la mejora constante de la sociedad, en este caso, de la empresa y de su entorno.

Toda empresa abierta se caracteriza porque contempla tres tipos de responsabilidades desde la perspectiva de la generación de valor social:

  1. Responsabilidad técnica. Consiste en cuidar todo lo que se hace en la empresa, todos aquellos productos o servicios que se generan y los procesos que se configuran, además del tipo de productos que se ofrecen al mercado, en el cómo se manda y cómo se consiguen las cosas.
  2. Responsabilidad humana. Los valores e intereses de las personas desde una perspectiva integral, y en ese sentido algo fundamental para su cumplimiento es generar procesos para la distribución justa de la información y la participación de la persona.
  3. Responsabilidad con el entorno. La más difundida y explotada mediáticamente. Se refiere al impacto de la empresa en la comunidad y cómo ésta puede ayudar a que ese entorno sea más sustentable.

La generación de valor social contempla los tres elementos mencionados. La empresa es, y puede ser, un gran centro de fortalecimiento de una cultura abierta y democrática que efectivamente puede impactar en todo el sistema político y social de cualquier país. 

Los liderazgos, en específico los CEO, la dirección general y todo aquel mando en cualquier organización, ya sea lucrativa, pública o social, son sistemas igualmente abiertos y susceptibles de perfeccionamiento y mejora. 

En ese sentido, si esos liderazgos son socialmente responsables y pretenden generar valor social,  deberían contemplar los mismos tres aspectos:  su responsabilidad técnica (¿tiene capacidades técnicas y de management para liderar?), su responsabilidad humana (¿cuál es su filosofía de vida propia y organizacional y cuáles son los valores propios que vive y transmite en la empresa?) y su responsabilidad con el entorno (¿debería tener mayor presencia como CEO o como ciudadano en la comunidad porque los problemas o retos de la sociedad también son suyos?).

Proponer que el CEO hoy en día debe ser mucho más protagónico representa un falso dilema. La realidad es que el activismo de los empresarios y CEO socialmente responsables, es connatural a su propio liderazgo. Por tanto, el llamado boom del CEO activism plantea algo más parecido a una moda, pues  normalmente una empresa socialmente responsable es dirigida por liderazgos socialmente responsables y esa condición los obliga a tener ese activismo en temas controvertidos o no y que son relevantes no solo para su organización sino para la sociedad en general.

*El autor es profesor decano del área de Entorno Político y Social de IPADE Business School.

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