No me lo tomen a mal. Crecí, fui bautizada y educada en el catolicismo, entiendo de rosarios por la tarde, Ángelus a mediodía, confesiones, misa diaria y la bendición de los alimentos. Los integrantes de la iglesia y sus decisiones me quitaron la fe en una religión construida por hombres (humanos del sexo masculino). Respeto a las y los creyentes, de cualquier religión, porque creo en la libertad, y el camino del agnosticismo está repleto de preguntas, una tiene que aprender a funcionar en la incertidumbre, eso no es para todos.

He sido testigo de las múltiples obras de caridad y trabajos comunitarios que se realizan alrededor de las comunidades religiosas, conozco de su solidaridad, y sé de buenas personas cuya línea ética y social se alinea a sus creencias. Eso está bien.

Lo que me parece preocupante, es la incesante idea de que la religión de unos, tiene que ser la guía moral de todos. La iglesia católica y sus representantes en la sociedad civil no han parado de organizar marchas para mostrar su molestia por la reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia, la despenalización al aborto. No han entendido, que la resolución no es decirle sí o no al aborto, es simplemente el hecho de que una mujer no vaya a prisión por abortar. ¿A qué Dios sirven las mujeres encerradas? ¿Dónde ha quedado su capacidad de sentir compasión si nunca se han sentado libres de prejuicios a escuchar las razones por las que una mujer decidió abortar?

La mujer ha ocupado en ese imaginario religioso un papel siempre de segunda, recuerdo habérselo dicho a una maestra de Moral, quien abrió los ojos como plato y me contestó:

¡No es cierto, es la madre de Dios! Justo a eso quería llegar, la madre de, la esposa de, la hija de, nunca, mujer por sí misma. El sacerdote de Coahuila lo dijo sin sonrojarse: una mujer que aborta no sirve para nada. Porque nuestras únicas posibilidades son reproducirnos o tomar los hábitos.

Las y los ministros de la SCJN lo han entendido bien. Lo dijo el ministro Zaldívar: “Estamos a favor de la vida, lo único que sucede es que algunos estamos a favor de que la vida de las mujeres, sea una vida en la que se respete su dignidad, en la que puedan ejercer con plenitud sus derechos, en las que estén exentas de violencia y en las que puedan auto determinar su destino.”

Siempre me ha parecido completamente irracional que las mismas personas que se oponen al aborto, son las que se oponen a la educación sexual en las escuelas y el uso de anticonceptivos. Pero finalmente, bajo sus creencias religiosas, todas las personas son libres de decidir cómo quieren vivir su vida. Por eso, si vamos a tener discusiones serias sobre el aborto, saquen sus cruces de nuestros vientres.

Pamela Cerdeira

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana

Columna invitada

Periodista, conductora, locutora, escritora y comunicadora mexicana. Conduce el programa "A Todo Terreno" en MVS Radio. Ha escrito para diversas publicaciones y trabajado en distintos espacios en radio y televisión.

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