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Opinión

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¿Ruptura en Oaxaca?

Como el resto de los gobernadores aliancistas electos el 4 de julio del 2010, Gabino Cué tuvo que pagar cuotas políticas en la integración de su gabinete en Oaxaca, pero construyó una estructura alterna para agrupar y proteger sus programas prioritarios y a sus colaboradores más cercanos.

A finales de enero de este año, el Mandatario oaxaqueño dictó una ordenanza para ajustar a su equipo. Al jefe de la Oficina del Gobernador, Benjamín Robles Montoya -exdiputado local por Convergencia-, lo acercó aún más y lo nombró su secretario particular. A partir de allí, una cascada de 13 nombramientos que involucraron al doctor en Economía Héctor lturribarría como sustituto en los manejos del despacho de Gabino Cué Monteagudo, así como a su nueva secretaria privada, Vivianne Michelle Moorman y a su nuevo secretario técnico, Miguel Ángel Muñoz.

Apenas si cumplía 60 meses el primer gobierno democrático de Oaxaca y ahora, cuando le restan tres meses para cumplir su primer año, otra vez pasa por otro ajuste. Sólo que ahora, por la vía de las renuncias, dejan sus posiciones los dos funcionarios más relevantes de la administración: Irma Piñeyro Arias se separa de la Secretaría General del Gobierno y Carlos Altamirano Toledo deja la recién creada Secretaría de Desarrollo Social y Humano.

Ambas defecciones levantan una polvadera de rumores y confusiones . Altamirano Toledo, expriísta, estaba al frente de la Secretaría más importante de este gobierno, pero no tenía el control administrativo de algunos de los programas estelares de Bienestar, el esquema asistencialista que articula el programa de dotación gratuita de útiles escolares y los apoyos a los adultos mayores, por citar los más positivos (y onerosos). Su salida tiene una coartada para disfrazar cualquier fractura: su inscripción al proceso para elegir al nuevo titular de la Auditoría Superior del Estado, posición a la que dimitió Lizbeth Caña, quien había fungido como Procuradora de Justicia durante el sexenio del exgobernador Ulises Ruiz y era una de sus últimas defensoras.

Por su parte, Piñeyro Arias -quien compitió como candidata de Nueva Alianza por la gubernatura y declinó en favor de Cué unos días antes de las elecciones del 4 de julio del 2010- en su carta de renuncia aludió a interferencias que obstaculizaron su desempeño y pugnó por un futuro diferente para Oaxaca, en el que dejemos de lado nuestros colores y nuestros compromisos personales . Cuando le preguntaron si renunciaba por los constantes pleitos que sostuvo con Robles Montoya, el poderoso secretario particular del Gobernador, ni lo suscribió ni lo negó.

En todo caso, su salida era un asunto de tiempo, considerando las circunstancias adversas. Sin haber siquiera nombrado a sus subsecretarios, Piñeyro Arias jugaba a una moderna Penélope: los acuerdos que amarraba se encargaba de deshacerlos el secretario particular del Gobernador, quien por lo demás lo mismo encabeza conferencias de prensa que asiste en representación de Cué a ceremonias oficiales y audiencias públicas. A su jefe le gusta andar de gira. Y en la capital oaxaqueña, Robles Montoya tiene poderes plenipotenciarios en ausencia del Mandatario estatal. Así seguirá hasta que alcance la candidatura al Senado el próximo año. La exfuncionaria navegó a contracorriente desde el principio de este sexenio. Se habló de su caída desde el primer mes de la administración, cuando en el procedimiento de ratificación no pudo acreditar un título universitario, tal y como lo estipula la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo Estatal, por una reforma hecha días antes de que Gabino Cué asumiera el mandato. Apenas hace unos días, Cué fue quien destapó la caja de Pandora al declarar que mejor sería que los integrantes de su equipo de trabajo que aspiran a una candidatura -ya fuera a diputados federales o al Senado de la República- dejaran la función pública.

Más allá de diferencias personales, surge el realineamiento de las fuerzas políticas, de cara a los comicios federales del 2012. Y la salida de Piñeyro Arias sería el signo indudable de un rompimiento entre Gabino Cué y la lideresa nacional del SNTE, Elba Esther Gordillo. Si Nueva Alianza prevé aliarse con el PRI para las elecciones del 2012, ¿por qué sostener a una panalista dentro de un gabinete opositor al priísmo?

¿Opositor a 100 por ciento? El nuevo secretario general de Gobierno, Jesús Martínez Álvarez, renunció al PRI en el sexenio de Diódoro Carrasco, pero en el sexenio de Ulises Ruiz formó parte de una representación en el DF y de la Comisión para el Bicentenario. Es además suegro del actual presidente municipal de la capital oaxaqueña, Luis Ugartechea Begué, panista. Claro, Jesús Martínez, quien también fuera Gobernador del estado, parece tener el suficiente carácter para poner orden en el gabinete.

Dos ajustes en su equipo de trabajo, cuando apenas lleva nueve meses en el poder, podrían reflejar una preocupante inexperiencia, más que la necesidad de responder a las exigencias sociales por corregir el rumbo. Y es que, en este breve lapso, diversos sectores de la sociedad oaxaqueña han percibido cierta parálisis y acusado ausencia de obra pública, riesgo de subejercicio presupuestal, proliferación de conflictos políticos y agrarios que han dado como resultado 40 muertos. Incluso, el Plan Estatal de Desarrollo fue aprobado escasamente hace mes y medio. Antes de estos cambios, los priístas ya han emprendido en Oaxaca una campaña mediática acusando falta de capacidad para gobernar del gabinete coalicionista.

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