Si bien existe el interés por controlar la tendencia del calentamiento, se observa que en México las emisiones anuales de dióxido de carbono, principal gas de efecto invernadero, se han incrementado 23.6% entre 1990 y el 2010.

Dado que las emisiones de la producción de energía, industria y quema de residuos continúan incrementando sus emisiones anuales a la atmósfera, y no se vislumbra un cambio estructural en el corto plazo, las actividades agropecuarias deben implementar estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático.

Una estrategia que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés) considera viable el estudio y aprovechamiento de los recursos genéticos locales e internacionales, privilegiando las características que permitan: 1) resistir a sequías, exceso de humedad, heladas, enfermedades, entre otros fenómenos; 2) ciclo reproductivo corto que favorezca la adaptación al clima cambiante; y 3) contribuyan a la preservación de los ecosistemas locales.

La capacidad de plantas y animales para resistir condiciones climáticas cambiantes y adaptarse de manera rápida es una característica propia de su diversidad genética. Es decir, del aprovechamiento, conocimiento, conservación y uso de las características genéticas de variedades y razas silvestres y certificadas.

Por ejemplo, se tiene conocimiento de invertebrados y microorganismos, usualmente considerados como enfermedades en cultivos y ganado, que aportan entre otras funciones, protección contra plagas, sequía, frío y salinidad.

Asimismo, existen estudios que demuestran la capacidad de algunos insectos que, ante un aumento de la temperatura, podrían completar hasta cinco ciclos de vida adicionales por temporada, lo que les permitiría adaptarse más rápidamente y contribuir a la preservación de otros organismos y ecosistemas.

El aprovechamiento de los recursos genéticos y la adaptación al cambio climático es posible a través de la alineación de políticas públicas, investigación y conservación de especies silvestres y certificadas, orientadas a generar rasgos adaptativos. Adicionalmente, dado que los cambios climáticos globales tendrían efectos desiguales a nivel local, se deben considerar las características de las especies endémicas, más rústicas y resistentes, así como las originarias de regiones más cálidas, es decir que ya presentan una adaptación climática.

En este sentido se debe combinar el mejoramiento de la genética del ganado, a través de programas como los apoyos de repoblamiento del hato ganadero, así como semillas mejor adaptadas en la agricultura, a la par de la investigación y uso del potencial de las variedades y razas endémicas.

*Luis Daniel Núñez Guzmán es Especialista en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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