La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático define al cambio climático como un cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera mundial y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante periodos de tiempo comparables.

Actualmente se observa un incremento en la temperatura media de 0.8°C respecto de la temperatura registrada en el siglo XVIII. Es decir, se puede atribuir una incidencia directa de la Revolución Industrial sobre el cambio climático mundial.

A nivel internacional, ante el incremento de 0.8°C, se han observado variaciones en las estaciones climatológicas, en el volumen y temporada de precipitaciones, inundaciones y sequías de mayor intensidad, entre otros fenómenos. Si bien estos impactos han producido siniestros en la producción agropecuaria, estudios recientes del Banco Mundial prevén mayores afectaciones, ya que en el presente siglo la temperatura podría aumentar hasta 4.0°C.

De acuerdo con el Banco Mundial, de no existir cambios contundentes en los sistemas de producción a nivel internacional, cabe esperar un aumento de 2°C en la temperatura en 30 años, acentuando intensas olas de calor, ciclones, aumento en el nivel del mar, así como una reducción de la productividad agropecuaria que detonaría una escasez generalizada de alimentos. Adicionalmente, existe una probabilidad del 40% de alcanzar un incremento de 4°C a más tardar en el año 2100.

El incremento de la temperatura es producto de la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, principalmente por efecto de la concentración de bióxido de carbono, metano, óxido nitroso, ozono y vapor de agua. En México, se mide la emisión de bióxido de carbono, principal gas liberado a la atmósfera, en cuatro principales fuentes emisoras: 1) Generación de energía, 2) Cambio de uso de suelo y silvicultura, 3) Actividades industriales, y 4) Desechos.

La emisión de bióxido de carbono a la atmósfera en México se incrementó 23.6% entre 1990 y el 2010, al pasar de 399.1 a 493.5 millones de toneladas anuales. Es decir, se incrementó 1.1% a tasa media anual de crecimiento. Resulta destacable la reducción en las emisiones por cambio de uso de suelo y silvicultura en 54.9% en el mismo periodo, de 101.3 a 45.7 millones de toneladas; sin embargo, las tres restantes fuentes emisoras han incrementado en mayor proporción sus emisiones, contribuyendo al calentamiento global y sus efectos en la población y sistemas de producción, principalmente en los sistemas de producción alimentaria.

En la siguiente entrega se comentarán las ventajas que ofrece la diversidad genética en la producción agropecuaria para adaptarse y mitigar el cambio climático.

*Luis Daniel Núñez Guzmán es especialista en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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