En 1909, Andrés Molina Enríquez publicó su libro Los grandes problemas nacionales, en el cual explicaba, a su juicio, los principales obstáculos para el desarrollo del país, destacando, entre otros aspectos, los altos niveles de pobreza en la mayor parte de sus habitantes, la concentración de las tierras en muy pocas manos y la exclusión de la población indígena.

A más de 100 años de este estudio de corte sociológico, parecería que la situación del país no ha cambiado de manera importante, con excepción de que actualmente la tierra ya no se encuentra altamente concentrada, pero sí persiste una desigual distribución de la riqueza nacional. Es necesario hacer algunas reflexiones en torno del problema de las desigualdades sociales y la manera en que se pretende darle solución.

DESIGUALDADES SOCIALES

De acuerdo con información del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), tanto en términos absolutos como relativos, la pobreza y la pobreza extrema en nuestro país continuaron a la alza. En los dos últimos años, hubo 3 millones de pobres más, de los cuales 400,000 cayeron en pobreza extrema. En los últimos 12 años ha sido el periodo en que se ha destinado la mayor proporción del gasto al desarrollo social; esto es 60%, en promedio, del total del gasto gubernamental.

Del 2008 al 2010, la población en situación de pobreza pasó de 48.8 a 52 millones de personas, en tanto que la población en situación de pobreza extrema se ubicó en 11.7 millones de personas. Bajo este escenario, todavía 2.2 millones de personas no tienen acceso a los servicios de salud y se tienen 7.7 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan (ninis). En el plano educativo, si bien existe cobertura a 100% en educación básica, sólo se atiende a 68% de los jóvenes que demandan bachillerato y la cobertura en nivel superior es de 30por ciento.

En el plano del empleo, el entorno internacional desfavorable de los últimos años, en una economía como la mexicana, que es altamente dependiente de lo que ocurre con su similar norteamericana, las familias han encontrado la solución en el autoempleo; es decir, en la economía informal que, de acuerdo con el INEGI,

alcanzó 29.2% de la población ocupada o 14.2 millones de personas. En síntesis, aunque año tras año se destinan más recursos al desarrollo social, el problema de la pobreza aumenta.

NUEVO GOBIERNO

El gobierno que encabeza Enrique Peña Nieto ha planteado acciones inmediatas. En primer término, considera una Cruzada Nacional contra el Hambre, el Seguro de Vida para Jefas de Familia y el Programa para el otorgamiento de pensiones a adultos mayores de 65 años, cuyos detalles están pendientes.

Uno de los sectores de la población que requiere atención urgente es el de los jóvenes. Actualmente, son más de 32 millones de jóvenes y no se tiene para ellos ni empleos ni las suficientes universidades y preparatorias que les permitan salir del rezago social. Mejor comunicado que generaciones anteriores, este segmento de la población ha demostrado ser un foco de descontento y propagación de ideas que merece atención inmediata. Para atenderlos se requiere, por lo menos, duplicar el monto de los recursos que actualmente se les destina.

Para la aplicación de los programas sociales, obviamente se requieren recursos que de alguna fuente deberán obtenerse. Habría que considerar que el otorgamiento de pensiones, que al institucionalizarse requerirán en el futuro de presupuestos crecientes, considerando que, de acuerdo con cifras del Conapo, en el 2012 11.6% de la población tiene más de 65 años. Esta cifra va en rápido aumento y se estima que para el 2020 signifique cerca de 15% de la población.

Indudablemente el buen éxito de la política social requiere, ante todo, que la economía crezca a tasas superiores a 5% y que sea de manera continua y sostenida. Lo anterior deberá considerar la creación de un mayor número de empleos formales. Como se ha planteado en artículos anteriores, deben llevarse a cabo reformas estructurales como la energética, la fiscal, de telecomunicaciones para facilitar esta creación de empleos.

Todo parece indicar que actualmente existe la voluntad por parte de las fuerzas políticas, como se ha demostrado con las reformas laboral y educativa, así como para la aprobación del paquete fiscal correspondiente al 2013. Esperemos que ya no perdamos más tiempo en la resolución de los grandes problemas nacionales.

*José C. Femat es economista con posgrado en Historia y Desarrollo Económicos.

**Rodolfo Salazar es economista con posgrado en Administración y Finanzas.

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