¿Qué tiene que suceder para que el Presidente empatice con sus gobernados? ¿Qué esperará para tomar las riendas de un país que se cae en pedazos? Está claro que no le duelen los enfermos por Covid-19, no le duele el desempleo, el quiebre de la economía, el cierre de pequeños y medianos negocios, bueno, ya ni los padres de niños con cáncer que imploran medicamentos. No reacciona ante el secuestro de elementos de la milicia, menos al aumento de la violencia y la inseguridad.

Es claro que en la lista de prioridades del Presidente no está el bienestar de los mexicanos. Tanto él como los legisladores de su partido han priorizado la agenda política con miras al 2021, dejando la salud y economía de México a su suerte.

Es cierto, la crisis de salud es mundial, pero la económica no, ésta depende en gran medida de las acciones de los gobernantes de cada nación. La mayoría de los países de Latinoamérica han implementado planes de reactivación económica y apoyos a sus sectores productivos. México no tiene un plan, y las medidas otorgadas al momento son insuficientes.

En el discurso la economía mexicana "va para arriba", pero resulta que tenemos más de un millón de empleos perdidos entre marzo y mayo, que nos excluyen de la lista de las 25 economías más atractivas para inversión extranjera directa y la confianza empresarial ha decaído enormemente tras la cancelación de proyectos como Constellation Brands y el NAIM.

Urge que se tomen medidas para rescatar la economía, todavía estamos a tiempo dar una vuelta de tuerca. La Coparmex ha propuesto al Gobierno Federal tres rutas para reducir el impacto ante la emergencia económica: #Remedios Solidarios, que consisten en la implementación del salario solidario integrado por aportaciones de gobierno, patrón y trabajador, apoyando así a las empresas que por la emergencia sanitaria cerraron operaciones. Un seguro solidario, es un salario mínimo para trabajadores formales que hayan perdido su empleo durante la contingencia y así cuenten con el mínimo vital; y un bono solidario, es una contribución del gobierno equivalente a una porción del salario del trabajador contratado por un periodo de tres meses.

Esta propuesta tendría un costo aproximado del 1% del PIB, sólo la séptima parte de lo que empresas y trabajadores aportan anualmente por concepto de ISR. Es viable, porque México podría adquirir deuda pública o reorientar el gasto público aplazando sus obras emblemáticas, destinando esos recursos a proyectos verdaderamente prioritarios como la atención de salud, la preservación de empleos y la reactivación económica.

El Presidente tiene el remedio, no es falta de recursos, es falta de empatía con los trabajadores, de sensibilidad a la situación económica que atraviesan miles de familias. La solución está en sus manos, las propuestas hechas y la sociedad comprometida. ¿Qué número de trabajadores sin empleo o niveles de pobreza debemos alcanzar para que este gobierno busque una solución?

 *Presidenta de la Consejería Jurídica de Coparmex Nacional.