La semana pasada, a raíz de mi columna titulada ¿Por qué la gente se endeuda?, un lector comentó en Twitter lo siguiente:

“Existen 2 tipos de endeudamiento: 

1. El aspiracional que son decisiones inteligentes, por ejemplo el adquirir un crédito hipotecario para adquirir una casa acorde a tu ingreso, plan de vida.

2. El que es para aparentar y/o alcanzar lujos innecesarios difíciles de pagar”.

Sin embargo, ser aspiracional no es inteligente. Recordemos: aspiracional es aquella persona que se identifica con lo que puede llegar a ser, o tener, sin tomar en cuenta si el camino para conseguirlo es realista o no. 

Entonces, en este contexto, aspiracional puede significar adquirir algo que quizá no puedas pagar y esto suele ser terrible error, especialmente cuando para ello requieres endeudarte por muchísimos años. Entonces, respondí: 

“Comprar una casa de manera aspiracional (más de lo que en realidad puedes pagar, apretándote mucho y tomando un crédito con mensualidades crecientes a más de 15 años y bajo enganche) como hace muchísima gente, también es mala idea”.

El lector no tardó en contestarme: 

“Adquirir un crédito hipotecario a temprana edad, te permite la posibilidad de incrementar tus ingresos acorde a tu experiencia / madurez profesional y con ello, la posibilidad de liquidar tu crédito entre 5 y 10 años. Estudien estos casos y escriban artículos en relación”.

Aunque respondí, el debate no continuó. Sin embargo, le tomo la palabra: aunque ya he escrito sobre ello, tiene tiempo que no toco estos temas. Con mucho gusto lo vuelvo a hacer, porque me parece fundamental que todos tengamos clarísimos ciertos conceptos.

Lo primero que tenemos que tener muy claro es que contratar un crédito hipotecario significa adquirir un compromiso de muy largo plazo. Una deuda que tardaremos años en pagar. Durante este tiempo pueden suceder muchas cosas. Por eso es importante hacerlo bien, tomando en cuenta nuestra capacidad de pago y no de manera aspiracional.

Es cierto que, como dice mi querido lector, podrían aumentar los ingresos, pero también se podrían incrementar nuestras necesidades de gasto. Por ejemplo, un hijo en camino, la oportunidad de estudiar una maestría o tener que cambiar el coche. Además: ¿qué tal si nuestros ingresos bajan por una crisis o un evento inesperado como la pandemia que estamos viviendo? ¿si perdemos la chamba y nos cuesta trabajo encontrar otra que nos garantice un nivel de ingresos similar?

Entonces, mientras más alta sea la mensualidad en relación a nuestros ingresos, menos capacidad de adaptación (flexibilidad financiera) vamos a tener. Es cierto que los jóvenes son menos adversos al riesgo pero todas estas cosas se tienen que pensar.

Yo también fui mucho más joven cuando tomé mi hipoteca. Al principio todo fue felicidad: nos mudamos a nuestro nuevo hogar con una gran ilusión. Pero poco tiempo después, las mensualidades me empezaron a pesar y eso que estaban holgadas. No me gustó para nada esa sensación.

Personalmente pagué mi crédito en poco más de cinco años, pero haciendo un gran esfuerzo. Cada mes pagaba un monto mayor a mi mensualidad (por lo general entre 25 y 50% más). Buena parte de mis ingresos irregulares (aguinaldo, fondo de ahorro, prima vacacional y bonos) se iba directo al pago de la hipoteca. Aunque no dejé de ahorrar para el retiro, lo cual es muy importante, sí tuve que tomar la decisión consciente de disminuirlo un poco la cantidad. Durante ese tiempo no tuvimos sala o comedor en la casa, ni tampoco cuadros o demás adornos. Sí hubo algunos imprevistos que pudimos solventar gracias a que tenía un fondo para emergencias completo.

Fue un gran esfuerzo, pero también una grandísima satisfacción. Estar libre de deudas y sin ese compromiso financiero, brinda una gran sensación de libertad.

¿Cuáles son mis recomendaciones si piensas contratar un crédito hipotecario? De esto hablaré en la segunda parte. 

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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