Ha pasado poco más de un mes del incidente en la Línea 12 del metro de la Ciudad de México y no hace falta volver a narrar los hechos y las consecuencias lamentables de este suceso. La corrupción en la planeación, diseño y construcción de este proyecto salta a la vista,  siendo reforzado tanto por auditorías internacionales como nacionales que han presentado reportes sobre los errores en diversas etapas de su desarrollo. A la fecha, las estimaciones para “reparar” estas fallas oscilan alrededor de 750,000 millones de pesos, siendo que el costo inicial del proyecto se anunció en 17 mil millones de pesos. En síntesis, es una obra que representa pérdidas en todos los sentidos. 

El tema de corrupción es incuestionable y aunque se acuse al gobierno como el principal responsable, el problema es mucho más complejo. Para aterrizar más mi idea, quiero retomar el famoso caso de la década de los 90 de Nike, en el que la empresa fue señalada por usar mano de obra infantil para fabricar sus productos. Después de múltiples investigaciones se demostró que el “problema” no radicaba en Nike sino en su cadena de valor ubicada en países asiáticos. Pero a pesar de esta “demostración”, la empresa recibió un duro golpe a su reputación que se reflejó no solo en una mala imagen de marca, sino también en la caída de sus acciones financieras.

En el caso de la Línea 12, el tema reputacional definitivamente ha recaído en el gobierno y si bien, éste no será golpeado por los accionistas, existe la posibilidad de ser golpeado por la comunidad, sobre todo porque coincide con un periodo electoral. Pero para no meterme en asuntos de política, sino de Responsabilidad Social (RS) y Resiliencia que son mi expertise, retomo mi punto de reflexión, ¿quién es el culpable tanto en el caso de Nike como en el de la Línea 2 del metro? ¿El cliente por abaratar sus costos, aún a costa de contratar a proveedores no éticos? ¿La cadena de valor por tener malas prácticas y no ser transparente?

Como podrán darse cuenta, el asunto no está tan sencillo, la realidad es que se trata de una responsabilidad compartida entre todos los participantes de la cadena de valor, incluyendo tanto al comprador, como al conjunto de proveedores. Y claro, esto dificulta identificar quién o quiénes dentro de toda la cadena son responsables de generar impactos negativos. Lo que sí es un hecho es que ante cualquier falla, el primero en ser señalado será el comprador porque es la cara más visible ante un escándalo y en cambio, los proveedores, sobre todo si son pequeños, se diluyen en el caso. 

Desde esta óptica, si el mayor peso en la toma de decisiones recae en el comprador, ¿qué se puede hacer entonces? ¿Es válido denunciar a los proveedores que no cumplen, despedirlos y terminar el contrato? Claro, desde un punto de vista ético, ésta sería la decisión ideal, pero desde un punto de vista de negocios no siempre es la más viable, en especial, si el proveedor con el que trabajas, es tan especializado que existen pocos en el mercado que ofrezcan ese producto o servicio en específico. Y después, ¿el comprador debe fingir que no vio ninguna irregularidad y continuar con la relación de negocios?

En temas de Derechos Humanos, por ejemplo, la ISO 26000 señala que las organizaciones tienen la responsabilidad de respetarlos todos, lo que implica dar pasos positivos para asegurar que la organización evita la vulneración, tanto a través de una aceptación pasiva, como de una participación activa; es decir, que aunque no soy quien violenta los Derechos Humanos, tampoco acepto trabajar con aquellos proveedores que sí lo hacen. 

Pero entonces, ¿cómo se pueden reducir los riesgos sociales y ambientales en un proceso de compras y no solamente los económicos? En 2017, surgió la ISO 20400 sobre Compras sostenibles, con el objetivo de satisfacer las necesidades de la integración de la ISO 26000 a la función de compras. ¿De qué va esta norma? Pues justamente se trata de trazar un camino para integrar elementos de sostenibilidad a los procesos de compras. 

A finales del año pasado, Achilles me invitó a participar en un webinar sobre Gestión de Compras Sostenibles Éticas y Responsables y me gustaría retomar un par de puntos sobre cómo integrar la Responsabilidad Social a la función de compras:

1. Gobernanza: Antes de enfocarse hacia la implementación de las compras sostenibles, es necesario analizar exhaustivamente la función de compras, lo cual incluye:

  • Evaluar la madurez de dicha función.
  • Cómo está representada dentro de la organización.
  • Establecer políticas, manuales, sistemas de gestión. 
  • Integrar la evaluación y selección de proveedores, así como la evaluación de desempeño en proyectos.

2. Desarrollar competencias: Tanto del equipo responsable de las compras, como de los propios proveedores. Esto incluye, ser claros con los proveedores en términos de requisitos y estándares y cómo se espera que los realicen. Es decir, no se vale elevar los estándares de la noche a la mañana para los proveedores, esperando que ellos se arreglen solos y que si lo incumplen se les despida inmediatamente.   Aquí debe entrar el compromiso de las empresas por desarrollar a su cadena de valor y colaborar con ellos en materia de sostenibilidad. 

3. Partes interesadas / Grupos de interés: identificar cuáles son los intereses de cada grupo en este tema. Por citar algunos ejemplos, el interés de Dirección General es proteger la imagen y reputación de la compañía; el de Compras, reducir costos y cumplir con regulaciones; el de los Proveedores, recibir pagos pronto y tener contrataciones justas; el de los Subcontratistas, contar con condiciones de trabajo seguras. Es verdad que puede haber muchas partes interesadas, pero el tener mapeadas sus expectativas, contribuirá a minimizar riesgos. 

4. Establecer prioridades de compras sostenibles: Identificar riesgos en la cadena de suministro a corto mediano y largo plazo, relacionados tanto con el tipo de materia o servicio provisto por ejemplo la seguridad; hasta con los temas de sostenibilidad que conciernen a la empresa y a su sector, por ejemplo, si en el sector que es industrial se busca minimizar impacto ambiental. 

5. Medir y mejorar el desempeño: Establecer KPIs, monitorear, hacer benchmarking del desempeño, tanto de los proveedores como de la organización, al integrar los procesos de Compras sostenibles. 

6. Establecer mecanismos de reclamación: Mecanismos que permitan expresar cualquier situación respecto a la integración de la sostenibilidad en el proceso. Además de reportar cualquier circunstancia que pueda poner en riesgo la ética de la organización y afectar a todas las partes. Asegurando también que grupos vulnerables puedan acceder: diálogo, buzones, entrevistas, consultas, encuestas, los medios que sean necesarios de acuerdo a los asuntos prioritarios. 

Por supuesto que cuando se trata de empresas, es mucho más fácil poner candados e implementar un proceso de debida diligencia porque los accionistas juegan un rol fundamental en la rendición de cuentas. En el caso de gobierno, si bien debe rendir cuentas a sus ciudadanos, incidentes como la Línea 12 del metro y otros escándalos terminan por diluirse con el paso del tiempo si la misma sociedad es incapaz de presionar y exigir sus derechos, como ya lo comentaba en la mesa de diálogo Corresponsabilidad en el colapso de la Línea 12 del Metro en la que me invitó a participar Expok el mes pasado. 

Para concluir esta columna y como empresaria afectada por el derrumbe de mis oficinas en el sismo del 19s, esperaría, que al igual que pasó con Nike a raíz del escándalo de la mano de obra infantil, se crearan mecanismos de transparencia y rendición de cuentas que hicieran trascender el tema de la Responsabilidad Social en la cadena de valor más allá de la noticia del momento. Si quieren conocer más sobre el tema de Compras sostenibles, los invito a leer nuestro blog.

* Gwenaelle Gerard es Directora General de ResponSable.

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