En la columna anterior, caracterizamos la producción agrícola de la zona del Valle de San Quintín, conformado por las ciudades de San Quintín, Lázaro Cárdenas, Vicente Guerrero y Camalú, en Ensenada, en Baja California, y expusimos cómo la producción de esta zona es intensiva en mano de obra.

En la presente entrega caracterizaremos a los migrantes que trabajan en esta región, tanto a los residentes como a los golondrinos.

Los migrantes residentes son aquellos que migran con la intención de establecerse en ese nuevo lugar. Según la Conapo, después del TLC ha existido un alto flujo de migración (residente) hacia Baja California, principalmente de Jalisco y Sinaloa; en menor medida, de Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas. La mayoría de esta población es mano de obra no calificada; de hecho, más de 70% tiene educación básica o menos y es atraída por el constante trabajo en el campo. Esta población es tan importante en esta zona que, en el Censo del 2010, el Valle de San Quintín reportó que 28% de las personas vive en hogares donde el jefe de familia es indígena.

Por otro lado, la migración golondrina se refiere a aquellas personas que migran con la intención de trabajar por un periodo y luego regresar a su lugar de origen. Estos migrantes son los que se cree que padecen una situación laboral más vulnerable. El número de migrantes golondrinos en el valle de San Quintín es difícil de calcular. Existen datos agregados de esta población hacia ciudades del norte del país; la Encuesta sobre Migración en la Frontera Norte de México calcula que, sólo en el 2013, 167,000 migrantes llegaron a ciudades cerca de la frontera norte con la intención de buscar trabajo agrícola, una cuarta parte era originaria de Chiapas, Guerrero, Michoacán o Veracruz. Veinticinco mil eran menores de 15 años. Entonces, si bien la producción agrícola demanda un gran número de jornaleros, la oferta es amplia. Éste puede ser un factor que contribuya al bajo salario.

En un trabajo publicado en el 2002, la investigadora Gema López de la Universidad Autónoma de Baja California afirma que las condiciones de vida y trabajo de los migrantes golondrinos del Valle de San Quintín son precarias: largas jornadas, bajos salarios, exposición a químicos, falta de seguridad social y servicios públicos. Dichos migrantes provienen principalmente de Oaxaca, la mayoría son mixtecos, pero también hay zapotecos, triquis y purépechas.

El número de trabajadores agrícolas, entre abril y octubre, se calcula en 30,000; a fines de octubre, 18,000 indígenas migrantes se van a Sinaloa y a Sonora, para luego regresar a Baja California. Esta misma autora argumentó que los niños son trabajadores agrícolas muy valuados, sobre todo para el deshije, desbrote y deshoje.

*Jorge Lara Álvarez es especialista en la Subdirección de Investigación Económica de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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