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¿Qué se pone en juego con la transformación de la educación en México?

En últimas fechas hemos presenciado una polémica en torno a los libros de texto y el desacato de las autoridades federales ante un amparo emitido en el mes de mayo por la justicia para impedir su distribución, esto a partir de una queja impuesta por la Unión Nacional de Padres de Familia, el cual resolvió impedir la distribución de los libros, hasta que cumplieran con una revisión exhaustiva. Entre las consideraciones por parte de distintos actores sociales, públicos y privados se pedía se diera una explicación sobre la metodología en su elaboración, ampliar la consulta de su contenido con la sociedad y llevar a cabo su rediseño de conformidad a lo establecido con la Ley General de Educación, -para dichos efectos se pueden consultar los siguientes artículos- 7, 8,12, 47 y 48- que expresan que tanto los programas como los contenidos deben desarrollarse por las autoridades federales,”… considerando la opinión de las autoridades locales y de los diversos actores sociales involucrados en la educación”.
A pesar del fallo de la justicia, el presidente y las autoridades educativas a nivel federal han hecho oídos sordos, continuando con su distribución para que lleguen a todos los estados iniciando este ciclo escolar 2023-2024, antes del 28 de agosto, para lo cual se estaría hablando de alrededor de la distribución de 100 millones de libros en el país -al día de hoy solo 5 estados han impedido su distribución: Guanajuato, Nuevo León, Chihuahua, Jalisco, y Coahuila-. A la par de la polémica, el presidente y sus colaboradores de la Secretaría de Educación, argumentan que las críticas sobre los libros y sobre el modelo educativo, o “Nueva Escuela Mexicana” como ellos la llaman, son absurdas y sin sustento, orquestadas para variar y como siempre por los conservadores y enemigos políticos de la 4T para difamarlos.
Buscando “subsanar” la polémica, el presidente organizó, como es la costumbre, reuniones vespertinas para “explicar” por parte de las autoridades educativas, el contenido, metodologías y objetivos pedagógicos, en los cuales aseguran habrá aprendizaje comunitario, inclusivo, humanista, científico “crítico e interactivo”. Pero revisando el material que está disponible en línea, surgen muchas preguntas más de fondo que de forma ¿Pueden explicarnos cuál es el o los objetivos de la transformación educativa que proponen y para qué? ¿Bajo qué modelos o criterios pedagógicos, históricos, sociales, o culturales se apegaron para hacer dicha reflexión?, ¿Qué estudios y análisis se llevaron a cabo para crear esta “Nueva Escuela Mexicana” y quién nos garantiza que sea el modelo educativo adecuado para los niños, niñas y adolescentes? ¿Cómo establecieron los criterios para selección los temas y contenidos, y como establecieron la forma de abordarlos sin definir aún los programas de estudio?
El problema más allá de la forma es el fondo. Barrer con todo y crear algo nuevo nunca ha sido la solución y menos al amparo de proyectos políticos, temporales y radicales. Las herencias son para transformarse, y mejorarse, pero no bajo improvisaciones y precipitación. Lo que está en juego no es un proyecto político, sino generaciones de niños y jóvenes que pudieran quedar desarmados frente a las demandas de un mundo que exige una educación sólida, seria, inclusiva, si comunitaria pero colectiva y orientada no a la utilidad de proyectos políticos, sino al fortalecimiento de criterio, libertad de pensamiento, al discernimiento responsable y verdaderamente crítico comprometido, solidario y humano… Que no se nos olvide que la crítica nos ayuda a ampliar los paradigmas, no a reducirlos ni simplificarlos.