Nuestra salud personal es uno de los deseos que perseguimos cada año. La salud ambiental es un problema que nos ocupa cada vez más como humanidad, y en particular, quienes participamos en actividades agropecuarias somos cada vez más conscientes de los beneficios ambientales que generamos con pequeños cambios repetibles a gran escala.

Y es que hay que partir de que la actual trayectoria de crecimiento de la producción agrícola es insostenible, debido a sus impactos negativos sobre los recursos naturales y el medio ambiente. Tan sólo en México, una tercera parte de la tierra agrícola está degradada; hasta 75% de la diversidad genética de los cultivos se ha perdido, y 22% de las razas de ganado están en riesgo. Más de la mitad de las poblaciones de peces están plenamente explotadas y, en la última década, unas 13 millones de hectáreas de bosques al año fueron transformadas para otros usos.

Los desafíos globales con mayor impacto ambiental que enfrentamos son la creciente escasez y la degradación rápida de los recursos naturales, en un entorno de rápido crecimiento en la demanda por alimentos, forrajes, materia prima y bienes y servicios procedentes de la agricultura. Algunas de las tasas más altas de crecimiento demográfico se prevén en zonas que dependen de la agricultura y que ya tienen altas tasas de inseguridad alimentaria.

Adicionalmente, existen otros factores -muchos de ellos interrelacionados- que complican la situación, como la competencia por los recursos naturales, la cual se intensificará cada vez más. Ésta puede ser causada por la expansión urbana; el antagonismo entre los diversos actores de la agricultura; la expansión de la agricultura a costo de los bosques; el uso industrial del agua, o el uso recreativo de la tierra.

Es lastimoso pensar que al mismo tiempo que la agricultura contribuye considerablemente al cambio climático, también es víctima de sus efectos. El cambio climático reduce la resiliencia o capacidad de recuperación ante siniestros de los sistemas de producción y contribuye a la degradación de los recursos naturales. Y se prevé que en el futuro se agraven los cambios en los patrones de precipitación y los fenómenos meteorológicos extremos.

Así que, para no quedarnos en buenos deseos, propongámonos para este 2015 alinear nuestras acciones de sostenibilidad a cinco propósitos básicos que mitigan el impacto de estos desafíos:

  • Propósito 1: Mejorar la eficiencia en el uso de los recursos es fundamental para la agricultura sostenible.
  • Propósito 2: La sostenibilidad requiere acciones directas para conservar, proteger y mejorar los recursos naturales.
  • Propósito 3: La agricultura que no logra proteger y mejorar los medios de vida rurales y el bienestar social es insostenible.
  • Propósito 4: La agricultura sostenible debe aumentar la resiliencia de las personas, de las comunidades y de los ecosistemas, sobre todo al cambio climático y a la volatilidad del mercado.
  • Propósito 5: La gobernanza es esencial para la sostenibilidad tanto de los sistemas naturales como de los sistemas humanos.

Y como el buen juez por su casa empieza, el día de mañana comentaremos por qué para FIRA el cuidado al medio ambiente es una prioridad.

Marco Antonio Cabello Villarreal es subdirector de Diseño de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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