El fenómeno se me hizo evidente dada mi necesidad de circular por Calzada de Tlalpan y Anillo Periférico. Me refiero al torrente publicitario en espectaculares, carteles, pendones y pintas en favor de Alejandra Barrales y otros aspirantes a la candidatura del partido mayoritario en la ciudad para la Jefatura de Gobierno. Después escuché en la radio a dos politólogos que respeto, Ricardo Raphael y Amparo Casar, criticar esos

excesos publicitarios, cuestionar su legalidad y plantear el preocupante problema de la captura del IFE-DF por parte de la organización política que gobierna la ciudad.

El preocupante caso admite también otras aproximaciones; por ejemplo, desde el ángulo económico. En cuanto a esta faceta destacan cuatro cosas: el exceso de esa propaganda, el inmenso costo que conlleva, con cuáles recursos se ha pagado y el uso alternativo que tendrían esos fondos en beneficio de la población. En un puente peatonal de Río Churubusco hay hasta cuatro carteles en favor de la candidatura de Dolores Padierna a una senaduría. ¿Qué pasaría si únicamente fueran dos? El argumento puede extenderse a todo ese despliegue propagandístico partidista que resulta visiblemente excesivo y redundante.

No sólo se trata de miles de pendones y pintas en bardas, sino de muchísimos anuncios espectaculares. ¿Cuánto ha costado esa campaña tan dispendiosa? ¿Qué cantidad tiene que desembolsarse para que Ariadna Montiel aparezca sonriente en ese medio publicitario tan oneroso haciéndonos una promesa hueca?

La máxima puede adquirir hasta resonancias bíblicas: ¡que se haga la transparencia, mas sólo en los bueyes de mi compadre! ¿Qué cantidad se ha gastado en esa propaganda electoral excesiva y muy posiblemente innecesaria? Chi lo sá, dicen teatralmente los italianos. De lo que sí no debemos tener duda es que seguramente es un monto muy grande, rondando los cientos de millones de pesos.

Otro renglón inescrutable en ese hoyo negro que son las finanzas del GDF se refiere a las fuentes para pagar esa catarata propagandística. Desde luego que nunca las conoceremos, al igual que en su momento hubo negativa rotunda a explicar cómo se habían financiado las obras de los segundos pisos.

Hay 1,000 asuntos sociales pendientes en qué gastar en la ciudad. Simplemente, muchas calles siguen plagadas de baches y faltan muchísimas luminarias en el alumbrado público. ¿No hubiera sido conveniente aplicar a esas finalidades la mitad de lo que se ha gastado en esa propaganda electoral tan desmesurada?

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