La producción de maíz para grano en México se desarrolla básicamente bajo condiciones de temporal; con 77% de la superficie anual sembrada, 58% de la producción se obtiene bajo esta modalidad. Jalisco es líder en este ámbito, aportando casi 25% de la producción con apenas 8% de la superficie sembrada

Lo anterior refleja el buen rendimiento que se obtiene: 6.4 Ton/Ha en el 2014, contra las 2.3 Ton/Ha del promedio nacional.

La eficiencia en el estado muestra que, además de avances en lo tecnológico, el temporal en el territorio puede considerarse privilegiado, ya que los 800 mm de precipitación promedio en las principales zonas productoras, Ciénega, Valles y Sur, son adecuados para una producción competitiva.

No obstante, en los últimos años México y, por supuesto, Jalisco no son ajenos a un fenómeno del que todos los días escuchamos: el calentamiento global y sus repercusiones en el cambio climático; cuyos efectos son cada vez más evidentes: lluvias excesivas, sequías severas, granizadas insólitas y recientemente tornados.

Lo anterior, y la baja de precios en el mercado, plantean un escenario complicado y de incertidumbre para productores, al igual que desconfianza en intermediarios financieros ante posibles riesgos climáticos, reducción en los rendimientos y baja rentabilidad.

¿Cómo producir de manera competitiva y sustentable bajo estas condiciones? Reto difícil, pero obligado de enfrentar. Una de las opciones que ha mostrado más adaptabilidad y posibilidades en México, particularmente en Jalisco, es el principio de manejo tecnológico denominado Agricultura de Conservación (AC), el cual consiste básicamente en conservar sobre el terreno las pajas de la última cosecha, adaptando equipos de siembra para cortar y abrir sólo lo necesario para depositar la semilla del nuevo cultivo y fertilizantes en el suelo bajo dicha capa. Esta técnica genera múltiples beneficios de carácter ambiental y económico:

  • A diferencia de los sistemas de siembra tradicionales, en los que antes de sembrar se deben hacer hasta tres labores al suelo con maquinaria e implementos, en la AC éstas no se requieren; lo que representa dejar de usar un promedio de 80 Lt/Ha de combustibles fósiles y evitar los gases de efecto invernadero derivados.
  • La cobertura reduce al máximo la escorrentía del agua de lluvia, evitándose el arrastre de suelo y contaminantes a los cuerpos de agua.
  • La lluvia se infiltra y se conserva en el suelo a disponibilidad del desarrollo del cultivo. Este aspecto es de la mayor relevancia en la agricultura de temporal, donde el agua es el factor crítico y determinante del rendimiento de los cultivos.
  • Al dejar labores innecesarias se ahorran costos y los recursos pueden destinarse a una mejor nutrición y atención de las plantas, lo que aunado a más disponibilidad de agua resulta en mayor productividad del cultivo y rentabilidad para el productor.
  • En la siguiente entrega ahondaré en el tema de la AC y su creciente ejercicio.

Fuente: SIAP–Sagarpa. Producción Agrícola por Estado 2010–2014.

*José Acevedo Vargas es especialista en Promoción de la Residencia Estatal Jalisco de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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