Seguramente ha escuchado hablar o incluso ha consumido frutos como la macadamia, rambután, litchi, maracuyá, entre otras. La mayoría de estas frutas popularmente llamadas exóticas tienen su origen en países como China, India o Indonesia.

Sin embargo, en México paulatinamente se ha comenzado con la adaptación y producción de especies en pequeña escala de frutas como las mencionadas anteriormente.

En este sentido, de acuerdo con la información disponible a través del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, durante el 2010 la fruta exótica con mayor superficie sembrada a nivel nacional fue el litchi, con una extensión de 4,008 hectáreas. Destacando que 72.5% de la disponibilidad se concentró en Veracruz, Oaxaca y Sinaloa.

Por otro lado, respecto de la comercialización de estos frutos exóticos, existe un mercado potencial tanto a nivel nacional como internacional. Las características organolépticas de estos frutales las hacen un atractivo visual y gustoso al paladar del consumidor.

Estos productos se cotizan a buen precio en el mercado nacional. Así, durante el 2010 el precio medio rural pagado al productor en el caso del litchi fue de 14.5 pesos por kilogramo, 18.0 pesos por kilogramo de macadamia y 11.2 pesos por kilogramo de rambután.

De esta forma, el valor de la producción nacional de litchi durante el 2010 fue de 328.6 millones de pesos, lo que representa un valor de cuatro veces mayor que el de la producción de la pera, por ejemplo, en una superficie de producción similar (4,217 hectáreas).

Sin embargo, el mercado internacional es aún más atractivo. Ante el escenario donde la demanda es mayor que la oferta, el precio que se llega a obtener por frutas exóticas como las mencionadas es hasta de 5.0 dólares por libra.

Es decir, aproximadamente 137 pesos por kilogramo; lo que representa casi 10 veces más respecto del ya de por si atractivo precio nacional.

No obstante, para acceder a estos tipos de mercados se requieren de certificaciones en aspectos de sanidad, buenas prácticas agrícolas, inocuidad, trazabilidad, entre otros.

Así, la producción de este tipo de frutales puede llegar a ser una buena alternativa de negocio que permita mejorar los ingresos y condiciones de vida de los productores; por lo que podría incrementarse aún más la superficie de dichos frutales. El reto, en caso de ir por esta opción, es hacerlo con una visión de certificación.

*José Ramón Ojeda Ledesma es especialista de la Subdirección de Evaluación de Programas de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. jrojeda@fira.gob.mx