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¿Prevención contra el Ómicron?
Justo cuando se fincó la esperanza de la recuperación de normalidad en el avance y efectos de la vacunación, llega a sus anchas una nueva variante de SARS-CoV-2 que, instalado, deja en claro que mucho falta aún por recorrer en este lastimoso episodio para la humanidad. Tan solo en los Estados Unidos se presenta un promedio de contagios cercano a los 500,000 casos diarios de los cuales, un 74% de los mismos corresponden a la variante Ómicron. En nuestro país, la estadística oficial de contagios seguramente dista de la realidad, en razón de un factor que se avizora claro; existe un sistema de detección basado en pruebas sumamente precario.
Lo anterior, se ejemplifica al saber que en México se realizan tan solo 100 pruebas contabilizables como oficiales por cada millón de habitantes. No es extraño que, al partir de esa base, los números de contagios diarios se perciban breves en comparación con el resto del mundo. Estamos ante una media de 10,000 casos en los últimos cinco días y, sin embargo, con eso ha sido suficiente para que nuestro país nuevamente porte el no honroso primer lugar latinoamericano, ahora en presencia de la cepa recientemente surgida. Pero esa contabilización oficial de cerca de 400 casos de la variante seguramente habrá que ponderarlos contra las capacidades de detección lo cual torna el panorama en uno mucho más complejo.
El asunto a considerar es que la recuperación como nación se engarza y condiciona por un control apropiado de la evolución de la pandemia. Ahí, la previsión por controles y normas aplicables a la sociedad, así como la universalidad de la vacunación aún encuentran trabas importantes. En el primer caso, no hay una exigencia mediante reglas razonables para requerir a los ciudadanos que cuenten con el esquema de vacunación completo. Y lo anterior se sumerge en un círculo vicioso ya que la disponibilidad de las vacunas sigue siendo escaza y administrada.
La universalidad se ve lejana por la lentitud con la que se transita. Así, un 56% de la población mexicana con esquema completo, no constituye una masa crítica suficiente para crear un escudo de protección efectivo. Lo observable es que, a pesar de la disponibilidad de vacunas, la aplicación de las mismas no avanza con la rapidez necesaria para ganarle la carrera a un Ómicron que no encuentra un aliciente para detenerse.
Es común trasladar la responsabilidad hacia el círculo de lo personal y pedir extremar cuidados. Por todos los ángulos esto es cierto y eficiente. Sin embargo, la acción gubernamental no debe ser ajena a un actuar mucho más enérgico ante la emergencia.
Si algo hemos aprendido en esta pandemia es que la triada infalible para cerrar el paso al contagio masivo se conforma por: detección oportuna con aislamiento ante positividad, incremento de vacunados con esquema completo y refuerzo y, responsabilidad social y pública en la actuación ante un escenario superviniente. ¿Lo estamos haciendo?
Twitter:@gdeloya

