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Opinión

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Por qué somos críticos con las malas decisiones de otros, pero complacientes con las propias

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Raúl Martínez Solares

La crítica de los demás es ... una forma oblicua de autoelogio. Creemos que hacemos que el cuadro cuelgue recto en nuestra pared, diciéndoles a nuestros vecinos que todos sus cuadros están torcidos”.

Fulton J. Sheen, ex arzobispo estadounidense.

Uno de los fenómenos que explica por qué en entornos de polarización se recurre a la descalificación de quienes opinan diferente, es un sesgo heurístico conocido como Error fundamental de atribución (Fundamental Attribution Error).

Este sesgo se refiere a la tendencia que tenemos las personas (cuando juzgamos a otros; particularmente a quienes opinan diferente) a sobre estimar el peso que tiene la personalidad o la voluntad en sus decisiones o conductas, sin reconocer la importancia de factores situacionales o de contexto que pudiesen explicar las mismas. Mientras que, por el contrario, tendemos a auto juzgarnos dando un mayor peso a los factores situacionales o de contexto, que no controlamos, para explicar o justificar nuestras propias decisiones.

Un ejemplo (tomado de un artículo sobre este tema), es el siguiente: Imaginemos que estamos conduciendo en la mañana en medio del tráfico, una persona se mete en la fila de acceso a un carril. De inmediato asumimos que la persona es prepotente, descortés, que su acto es reflejo de su personalidad y de su voluntad de afectar negativamente los demás. Por el contrario, si nosotros nos vemos en la misma situación, no pensaremos que es porque tenemos un defecto de carácter; siempre encontraremos una auto justificación por una emergencia médica, una junta de trabajo, etc.

Este fenómeno lo vemos cotidianamente en la discusión de los asuntos políticos, sociales y económicos del país (y se observa igual en los mismos temas en otros países). Lo anterior es un serio obstáculo para alcanzar acuerdos entre partes que se perciben opuestas, lo que limita la capacidad de encontrar méritos o justificación en las razones o conductas de quienes vemos como contrarios.

Este fenómeno opera en favor de quienes, con intención, favorecen los entornos y mecanismos de polarización, para asegurar que no existan acuerdos posibles entre partes ni algún nivel de acercamiento entre las posiciones contrarias.

Hoy en investigaciones realizadas sobre la presencia de este sesgo, particularmente alrededor de la distribución de iniciativas políticas por ejemplo, se muestra como este sesgo contribuye a la generación de desconfianza en las razones de quienes se perciben como opositores. Lo cual, nuevamente, complejiza la posibilidad de atribuir mérito o analizar desde una visión objetiva, cualquier planteamiento opuesto que consideremos crítica a las creencias del grupo al que pertenecemos.

La reducción de los niveles de confianza entre actores políticos o económicos, elevan los niveles de antagonismo, impide la realización de diagnósticos sobre temas que requieren discusión y, por el contrario, sesga el análisis porque trata de encontrar invariablemente en los argumentos contrarios una justificación perversa coma más que un razonamiento asociado al contexto  o a las circunstancias.

Como la mayor parte de los sesgos conductuales o heurísticos, el único antídoto para sus efectos negativos es el reconocimiento de su existencia, la búsqueda de espacios de discusión y el establecimiento de mecanismos de arbitraje institucional, que concedan a las posturas frecuentemente antagónicas, igual nivel de posibilidad voluntarista y de contexto, para tratar de encontrar los argumentos objetivos o, por lo menos, los fines comunes implícitos.

En el caso de nuestro país, es evidente que este fenómeno en el entorno de polarización actual, frecuentemente inducida, asegura el sostenimiento de las cuotas de poder, mantiene un nivel precario de institucionalidad y favorece la prevalencia de grupos, estos sí, con intereses ajenos al colectivo de la sociedad.

raul@martinezsolares.com.mx

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Raúl Martínez Solares

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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