En nuestro país a la gente le cuesta mucho trabajo decir que no, sobre todo cuando algún amigo o familiar les pide un favor. Usamos frases como: “Ya sabes que nunca te he quedado mal”, o bien, “siempre he estado ahí para ti” o “necesito que me hagas un paro para que me den el préstamo”.

El problema es cuando este favor puede poner en riesgo nuestro patrimonio personal y familiar, como al asumir un compromiso financiero que no nos toca y que en última instancia nos genera una responsabilidad legal como acreditado.

¿Estamos dispuestos realmente a pagar, en dado caso, la deuda adquirida por otra persona? ¿Tenemos la capacidad de hacerlo? Porque esto es a lo que nos atendríamos si hacemos ese “favor”.

¿Qué es ser aval, fiador u obligado solidario?

La gente usa estas palabras como sinónimos, aunque son figuras jurídicas distintas, como explicamos a continuación:

1. Aval. Es una figura jurídica de naturaleza mercantil, por lo cual es aplicable a los títulos de crédito. El aval se compromete con el acreedor a pagar la totalidad del adeudo, en caso de impago.

2. Fiador. Es una figura regulada en código civil (no mercantil). La fianza es un contrato por el cual una persona se compromete con el acreedor a pagar por el deudor si éste no lo hace.

No obstante, el fiador puede, en el contrato, renunciar a su derecho de orden. Es importante tomar en cuenta que la fianza es accesoria, porque se trata de un contrato que surge de la existencia previa de una obligación contenida en un contrato principal.

3. El obligado solidario se da cuando dos o más deudores tienen la obligación de cumplir, a 100%, la prestación debida. Por lo cual el acreedor puede reclamar a cualquiera de los deudores solidarios o a todos ellos. Pero además el deudor solidario que paga la totalidad de la deuda tiene derecho de exigir a los otros codeudores la parte proporcional que les corresponda.

No obstante, las tres tienen algo en común: si tú firmas como aval, fiador u obligado solidario de alguien, tienes que responder si esa persona no paga. Pero, además, como obligado solidario puedes tener que responder, aunque el otro esté al corriente en los pagos, si incumplió alguna cláusula que hace exigible el monto principal de inmediato.

En otras palabras: te estás echando un compromiso que puede poner en grave riesgo tu patrimonio. He sido testigo de amistades largas que se han deshecho o familias que se han separado y han sufrido muchísimo por esto.

Hijos que piden prestado para un negocio que no funcionó y dejan el problema a los padres. Hermanos que se han dejado de hablar porque uno tuvo que responder por la irresponsabilidad del otro. Entre muchos otros.

Consecuencias de largo plazo

No debes ser aval, fiador u obligado solidario de tu familia, aunque les tengas toda la confianza del mundo, porque las malas rachas suceden y si algo falla, algo va mal, por haberlo hecho estás arriesgando tu patrimonio y el de tus hijos, si los tienes.

Además, recuerda que en México ya se puede embargar parte del salario para pago de deudas, obviamente siempre que lo haya dictaminado un juez, es decir, no lo pueden hacer los cobradores ni los abogados, ya que debe haber una demanda. También te arriesgas a afectar tu propio historial crediticio, porque el incumplimiento también se registra en el tuyo.

Además, si te avientas el compromiso, no te puedes echar para atrás. Una vez que ya firmaste como aval o como obligado solidario, no tienes ninguna salida, a menos que el acreedor te libere de esa obligación (para ello necesitarás seguramente que alguien más la asuma por ti, en figuras que se conocen como sustitución de obligado o de aval).

Por otro lado, en ciertos casos graves podrías exponer a tu familia. Si un avalista fallece, sus herederos pueden quedar obligados a responder por la deuda, en proporción a su herencia.

Ahora bien, si ya firmaste como aval, fiador u obligado solidario de alguien, ya estás dentro y es muy importante que estés al tanto del desarrollo de esa deuda. Es necesario saber si la persona que respaldaste está cumpliendo con sus compromisos en tiempo y forma, que la deuda se está reduciendo con cada pago y que todo marcha como acordado.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com