Parece mentira, pero en ocasiones la gente toma un crédito simplemente porque se lo ofrecen, sin conocer ni siquiera la tasa de interés del mismo ni sus condiciones.

Constantemente, los bancos y diversas instituciones financieras a través de diversos medios (correo postal, cajero automático, cajero de sucursal, un pop up en su página de Internet o incluso por mensaje de texto) nos informan que tenemos un crédito preaprobado y que con un solo clic o respuesta afirmativa podremos disponer de ese dinero.

A veces lo ponen de manera muy tentadora: “Imagínese lo que podría hacer con 100,000 pesos”, con imágenes de personas felices en la playa o caminando en el campo, tratando de hacer que la gente, en un impulso, lo tome.

El problema es que la mayoría de las veces no nos dicen las condiciones. A veces están de manera parcial en “letras chiquitas”, por no decir microscópicas, al pie de la oferta. En ocasiones ni eso: hay que llamar al centro de atención telefónica para conocerlas.

Conozco gente que ha llegado a contratar ese tipo de créditos simplemente para darse cuenta, meses después, que ese producto no permite pagos anticipados (a menos que se liquide la totalidad del saldo pendiente). Otras personas me han reportado tasas de interés superiores a 30% en este tipo de ofertas.

Pero lo que es aún más triste es cuando les pregunto por qué contrataron el crédito o para qué necesitaban ese dinero. La respuesta más común es simplemente “porque me lo ofrecieron”. Así, sin más.

Conozca un crédito antes de adquirirlo

Siempre lo digo, pero vale la pena enfatizarlo nuevamente: nunca hay que contratar un crédito que no necesitemos para algo en específico.

Aun así, hay que entender que hacerlo compromete nuestro ingreso futuro, nuestro flujo de efectivo, porque adquirimos un compromiso que debemos pagar mes a mes con dinero que aún no hemos ganado (y que de no tener esa deuda, lo podríamos ocupar para muchas otras cosas).

Pero, además, también lo he dicho muchas veces: jamás en la vida debemos contratar un producto o servicio cuyo funcionamiento no comprendamos a la perfección.

En el caso de un crédito, esto significa conocer el plazo, la tasa de interés y su forma de cálculo, la mensualidad (incluso la tabla de amortización), las comisiones y gastos adicionales, como seguros, la forma de pago y además saber si podemos hacer aportaciones adicionales sin penalización en cualquier momento. Esto como mínimo, ya que, dependiendo del caso, puede haber otro tipo de cosas relevantes que necesitemos conocer.

Los préstamos no resuelven problemas

Ahora bien, hay personas a las que se les hace fácil tomar una de estas ofertas y ocupar el dinero para pagar otras deudas, como, por ejemplo, derivadas de tarjetas de crédito.

El problema es que una vez “liberadas” las tarjetas las siguen utilizando y el adeudo vuelve a crecer de manera importante. Entonces hay que tener mucho cuidado con ello.

Aunque puede ser una estrategia financieramente razonable, usar un crédito para pagar otro nunca resuelve el problema de fondo y en la mayoría de las ocasiones termina siendo contraproducente.

Por lo menos es lo que he visto en mi experiencia analizando tantos casos reales de personas que me han escrito buscando una solución.

Entonces ya lo sabes. Un crédito es una herramienta que, si la usamos con cuidado y sabiendo lo que estamos haciendo, nos puede ayudar a lograr ciertas metas financieras en un menor tiempo, pero a cambio adquirimos un compromiso que tiene además un costo que puede ser importante (medido en función de los intereses que genera).

Sin embargo, como cualquier otra herramienta, como un cautín o un martillo, si lo usamos de manera incorrecta, sin saber realmente lo que estamos haciendo, nos puede causar un daño importante. Nunca tomes un crédito que no necesitas realmente y sin conocer y entender bien sus condiciones.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com