Sería una Presidenta anulada por la oposición ?sin la capacidad de poder usar sus armas políticas.

Su agenda legislativa, seguramente, es la misma ?que se llevó de su curul cuando solicitó licencia.

El hecho de que Elba Esther Gordillo le eche la sal electoral a Josefina Vázquez Mota y frente al presidente Calderón es un cumplido ante los electores que pueden comprobar la distancia que hay con este personaje que goza de tan baja aceptación.

Pero en el terreno político constituye un juramento, una declaración de guerra, que dice que si llegara a ganar la Presidencia tendría en la figura de esta poderosa dirigente sindical una adversaria que podría bloquear sus acciones de gobierno.

Si Vicente Fox fue un buen candidato y un Presidente con un desempeño mediocre, fue en buena medida por su impericia política, pero también fue producto de que sus adversarios se desquitaron de haber perdido el poder a través del bloqueo de cuanta iniciativa intentó este exmandatario panista.

Para Calderón la situación no cambió tanto. Los perredistas y la llamada izquierda se dedicó a minar al segundo gobierno panista desde el día mismo en que tomó posesión a empujones en el recinto legislativo de San Lázaro.

El nivel de encono provocado por los derrotados hizo que, para el tercer lugar, el Partido Revolucionario Institucional se abriera una gran ventana de oportunidad de vender caro su amor.

Durante mucho tiempo los priístas aseguraban que si Calderón era Presidente fue gracias a que ellos hicieron el quórum suficiente para su toma de posesión.

Los tricolores tenían el sartén por el mango y si bien los tiempos de Juan Camilo Mouriño en Gobernación fueron tiempos de buena interlocución para impulsar algunos cambios de medio pelo.

También es cierto que los priístas encontraron en este sexenio la forma de mantener muchas cosas congeladas para que ahora puedan decir en su propaganda: México está paralizado.

El propio PRI se mostró dividido sobre todo durante la última Legislatura. Desde el Senado Manlio Fabio Beltrones, con sueños presidenciales, apostaba a realizar los cambios estructurales con cargo político al gobierno panista, para que los gozara una administración priísta.

Pero desde la Cámara de los Diputados los operadores tenían la instrucción de no dejar pasar nada que permitiera dos lucimientos: el del Presidente y el de la coordinadora de los panistas, Josefina Vázquez Mota.

El colmo del cinismo es la reforma laboral, que el Revolucionario Institucional se encargó de proponer, negociar y congelar en el Congreso.

Por eso es que ahora que el PAN tiene como candidata a Josefina Vázquez Mota, que a pesar de que se presenta como una candidata diferente, no atina a explicar en qué es diferente de los estilos de sus exjefes Fox y Calderón, sería difícil que lograra no ser bloqueada por sus opositores.

Sin el carisma de Fox y sin el carácter de Calderón, Vázquez Mota se encontraría con un muro insuperable de un grupo de priístas que no podría explicarse la derrota electoral. Y con la izquierda simplemente no se cuenta.

Josefina es más de lo mismo, porque sería una Presidenta anulada por su oposición sin la capacidad de poder usar las armas políticas para la persuasión.

El punto de partida de la exsecretaria de Desarrollo Social y Educación Pública es dar continuidad a lo que ha hecho al menos Felipe Calderón.

Su agenda legislativa es la misma que seguramente se llevó de su curul cuando pidió licencia.

En la timidez de sus propuestas se nota el temor que hay de encontrar un dique legislativo que le impida cumplirlas. Los cuatro pilares que constituyen el eje de sus propuestas están basados en generalidades que no explican la forma de lograrlo.

Un planteamiento básico que pretende lograr gobernabilidad es una especie de inclusión de personajes de otras fuerzas en su gabinete, lo cual es un experimento claramente fallido desde los tiempos de Vicente Fox.

En el remoto caso de que la estrategia panista de desprestigiar al priísmo y su candidato funcionara para revertir las tendencias electorales y ganara por un estrecho margen la Presidencia, la capacidad política de la vencedora debería ser sobresaliente.

Uno de los mejores activos que puede tener la candidata panista y su partido es el bajo nivel de compromisos corporativos que tienen en comparación con las otras opciones políticas.

No se trata de tener gobernantes carismáticos, pero sí efectivos y capaces. Esas cualidades se portan todo el tiempo, no se generan de manera espontánea.

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