Junto con Siria, México es uno de los países más mortíferos para ejercer el periodismo, nos dice Reporteros Sin Fronteras en su último informe. Vergonzosa y siniestra posición que ya rebasó a Afganistán, Pakistán y Somalia.

Atrincherados —nunca mejor expresado— en el derecho a la verdad y a la libertad de expresión, el oficio periodístico radica en acercar a los ciudadanos al conocimiento de las principales sucesos y novedades que afectan la vida en sociedad. La prensa muestra lo que sucede en todos los ámbitos de interés general, desde la astronomía a los espectáculos, de la política a los deportes.

Cuando las pesquisas implican sacar a luz lo que otros esconden, el quehacer se vuelve más arriesgado, especialmente sin los mecanismos de protección adecuados. En los últimos dos sexenios, la organización Artículo 19 documentó 3,594 agresiones contra la prensa. Por supuesto, hay de agravios a agravios. En estos periodos de gobierno también se registraron 19 desapariciones y 95 asesinatos de periodistas.

Por su parte, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos tiene conocimiento de 154 homicidios de periodistas desde el año 2000 a la fecha. Para una contextualización más precisa hay que decir que fueron 11 en el 2018, 12 en el 2019 y, muy tristemente, en los primeros días del 2020 ya se registró el asesinato de Fidel Ávila Gómez, locutor en Michoacán. Nuestras condolencias a su familia.

La información de la CNDH también nos refiere que del año 2000 hasta hace algunos días, 16 homicidios fueron de mujeres periodistas. Asimismo, que los estados con mayor letalidad para la prensa han sido, en este orden: Veracruz, Guerrero, Tamaulipas, Oaxaca y Chihuahua.

La intimidación, el hostigamiento y las amenazas son los agravios más comunes, pero también suceden los ataques físicos, allanamientos, uso ilegítimo del poder público, hasta torturas, desapariciones y asesinatos.

De las 544 agresiones que Artículo 19 documentó en el 2018, 28 fueron del crimen organizado, 230 de funcionarios públicos, 84 de algún particular, 86 de un partido político y 116 de procedencia desconocida.

En México, la historia de la violencia contra periodistas es larga y triste. Hay algunos casos emblemáticos, como el de Manuel Buendía, asesinado en los 80. Don Miguel Ángel Granados lo señaló como el primer asesinato de la narcopolítica en México.

Y muchos más, como el de Miroslava Breach, Javier Valdez, Rubén Espinosa Becerril. Algunos más sonados, otros menos. Todos dolorosos. Por ellos, y por los que seguimos desde alguna trinchera del periodismo, la defensa de la libertad de expresión es una lucha imprescindible.

Vicente Amador

Maestro en Comunicación

Historias que se cuentan

Consultor de Comunicación, Asuntos Públicos y Estrategia Política.