Lejos de nuestras promesas de principio de año y más cerca de la realidad, tan cotidiana como asfixiante, nos damos cuenta de que el primer mes del año voló. Al fin de mes deberíamos de tener 8% de las metas que nos trazamos. Si es así, lo felicito; si no, pues es hora de apretar los cinturones.

Propósitos personales, metas en una empresa y objetivos de las reformas estructurales son el inicio de una larga ruta. Pensar que por sí solas transformarán la realidad es un error común que se comete en lo privado y lo público.

Hay dos caminos para las reformas estructurales:

1) Cambiar radicalmente el camino para tomar un rumbo diferente implica acciones disruptivas, así como cambiar los incentivos en el mercado y nuevas reglas para los ciudadanos en su calidad de clientes o proveedores. Los retos en esta ruta son más desafiantes y novedosos. Tal podría ser el caso de las reformas de telecomunicaciones.

2) Otro camino consiste en profundizar el camino elegido, implica el reconocimiento de que lo actuado ha dado frutos y que se necesita profundizar el modelo puesto en marcha, podría ser el caso de algunos elementos de la reforma energética, sobre todo en el sector eléctrico, donde se pretende que los cambios logren hacer más productiva y eficiente a la empresa; ojo, no se habla de costos menores.

¿Cuál de las alternativas es mejor? Mi querido lector, el filósofo francés Edgar Morin indica que en la posmodernidad lo único cierto es que tenemos cada vez un entorno cambiante que afecta a cada minuto las decisiones de la implementación de los proyectos de los gobiernos. Es decir, toda decisión o implementación de acción pública tiene su dosis de incertidumbre, lo que obliga a los estados a ser flexibles y estar atentos en los resultados de sus reformas. Es decir, cambiar a tiempo.

Por ejemplo, la drástica caída de los precios del petróleo replantea la reforma energética. Los expertos indican que los precios del petróleo se recuperaran en 75 dólares. Sí, los mismos que se equivocaron y propiciaron las pérdidas millonarias, qué se le va hacer.

En fin, estimado lector, no se mortifique por el fin del primer mes y recuerde que lo mejor de que se termine la cuesta de enero son los tamales del Día de la Candelaria.

@ErosalesA