Durante los últimos años, llevamos alrededor de 25,000 muertes a manos del crimen organizado, si tomamos los últimos 5 años, la cifra nos da alrededor de 125,000 muertos. Algunos civiles, policías y pertenecientes a algún grupo delictivo.

Disputas por territorios, venganzas, enfrentamientos entre las fuerzas policiales y los delincuentes y entre los propios sicarios. Cada uno de esos decesos, tienen nombre y apellido, familia, esposa e hijos que han quedado huérfanos o en el desamparo, porque el proveedor, sencillamente ha desaparecido. Para la persona que debe hacer valer la ley, eso puede tener valor o no. Puede ser empático con las víctimas de todo esto o no. Puede condolerse de los muertos y de la situación nacional, frente a la delincuencia que sigue en aumento o no.

Desde el manual de Carreño hasta los textos de etiqueta del presente (por ejemplo, los que produce la tienda Brooks Brothers), conceden al saludo un valor. No saludar tiene un significado, saludar otro. La forma en la que se saluda importa también. Saludar con confianza y familiaridad, no es lo mismo que saludar con severidad y distancia. Incluso, si se hace de mano, si se abraza, si se manifiesta alguna emoción tiene un significado concreto.

No es extraño, la interacción entre los seres humanos vive de símbolos. Los políticos siempre han sabido eso. Está en su genética. Ir a mostrar la mano propia y ofrecerla a una persona, por lejana que esté en una reunión social, tiene un significado. Acercarse o no, también lo tiene. Con ello se demuestra cortesía, reconocimiento, respeto o familiaridad.

En la convivencia social, sin embargo, también hay reglas. Las dictan las leyes y las instituciones. La ley es clarísima respecto del vinculo, asociación, complicidad o relación con miembros de la delincuencia organizada. Y, con todo respeto —diría el clásico— la mamá del Chapo Guzmán, es cómplice de su hijo y de su organización, según lo define la ley.

No imagino a esta buena persona, a este ejemplo de la abuela bondadosa, que tanto veneramos en nuestro país, transitando con droga, de un lado para otro. Tampoco la imagino empuñando una AK47 defendiendo su casa. Es sencillamente, la mamá del que se ha considerado uno de los capos de la mafia más importantes del mundo. Con un poder económico descomunal y con una cantidad de muertes bajo su mano. Además, por supuesto, de ser un narcotraficante a toda cabalidad.

La madre del Chapo, sabía donde estaba. Si llegaría a casa o no. Si la iría a visitar o no. Si vería a sus nietos o no. En fin, el delito de complicidad, no sólo es acompañar en el acto delictivo, es también no denunciarlo, no estar a las órdenes de la autoridad, para cuestionamientos u obtención de información, etc. 

La legalidad en la materia no hace distingos. Si uno hace una cosa y eso que se hace está tipificado en el código penal, entonces es un delito. Sencillamente. No sabemos si el Presidente obtiene alguna información útil, contra el crimen organizado, de su manifiesta relación con la mamá del Chapo. Pero vista la grabación de su visita a Badiraguato que se ha hecho viral y que ha circulado todo el domingo, en el que el Presidente la trata con tanta familiaridad, la verdad es que no sabemos que pensar.

El hombre que juró defender la Constitución y las leyes que de ella emanen, no parece importarle un bledo, las consecuencias de darle a la mamá del Chapo y a su abogado unos minutos de su tiempo. Saludarla de mano, lo que está contraindicado en estos momentos y decirle que recibió su carta. ¿De verdad si yo le mando una carta al Presidente, el día que me vea me dirá: estoy viendo su asunto? Francamente dudable.

Pero, sobre todo, lo que me parece más delicado, es que el presidente dé esta señal. ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene tener cercanía con una persona tan controvertida, cuando tenemos emergencia de sanidad y emergencia económica? Después de años, si algo puedo concluir de mi modesta experiencia, es que la realidad es más necia que cualquiera persona que haya conocido.

De que vamos camino a una senda plagada de enfermos y hasta de cadáveres, es un hecho. De que con mayor fuerza vamos al quiebre de muchas pequeñas y medianas empresas. Sin duda. De que vamos a una crisis fiscal y algunos ya temen una escalada inflacionaria con justificadas razones, es muy probable.

Entonces los pobres son los que pagarán mayormente. Los que viven al día: los que viven de propinas y los que viven de su raya los sábados. Entonces, en medio de eso, ¿Qué necesidad de pararse a saludar a la mamá del Chapo? Una irresponsabilidad total y una frivolidad, que no me queda claro con quien quiere quedar bien. Entre la muerte, la pobreza y el saludo, exijamos prioridades, acciones y seriedad. Por favor.

Miguel González Compeán

Abogado, politólogo y economista

Columna invitada

Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.