La política española es una serie de televisión. Un tal Villarejo se ha dedicado a espiar los principales círculos políticos y un vicepresidente aficionado al protagonismo mediático escribió un guion llamado “Las cloacas del Estado” donde el propio Pablo Iglesias se hizo víctima del espionaje a través de un falso robo de un teléfono cuyo contenido tiene fotografías íntimas entre una de sus novias con él. El objetivo de la comedia era muy sencillo: ganar popularidad previo a las elecciones legislativas en abril de 2019. “Los malosos nos espían, son las cloacas del Estado”.

En Cataluña, el presidente Quim Torra está a pocas semanas de ser, con elevada probabilidad, inhabilitado por usar símbolos independentistas en el balcón de su oficina. Es decir, gobierna, pero no necesariamente para todos los catalanes, los que no desean la independencia se han quedado sin presidente, o mejor dicho, nunca lo han tenido desde que Torra llegó al poder. Las elecciones ya están por llegar.

Carles Puigdemont y Oriol Junqueras han roto filas para reposicionar sus respectivos objetivos: ganar la presidencia de la Generalitat y ver a su contraparte perder escaños.

Junqueras tiene popularidad y Puigdemont se recrea con la nostalgia que envuelve su residencia en Waterloo; Junqueras está en la cárcel y Puigdemont está libre, pero no en España. Junqueras acumula un bono electoral y Puigdemont lo está derrochando. A ambos los une cada vez menos una Cataluña independiente. Junqueras negocia con el Gobierno de Pedro Sánchez el regreso de Esquerra Republicana de Catalunya a la legalidad. Puigdemont se encuentra en un proceso de radicalización de no retorno.   Junqueras es el político catalán mejor evaluado, 5.2/10; Puigdemont se encuentra volando muy bajo (3.7/10).

La empresa demoscópica GAD3 le preparó al periódico La Vanguardia una encuesta electoral donde proyecta números sobre unas elecciones simuladas que hubieran sido celebradas la semana pasada: el independentismo se afianza (50% de los encuestados), pero la participación cae 13 puntos porcentuales respecto a las pasadas elecciones (2017).

Es el líder de ERC (Junqueras) quien ha ganado puntos durante las broncas de su partido con Puigdemont (JxCat). La escisión operada por Puigdemont sobre el antiguo partido convergente de Jordi Pujol y Artur Mas ha debilitado al habitante de Waterloo. Esquerra aventajaría en más de siete puntos y 11 escaños a JxCat. El independentismo reforzaría su mayoría en el Parlamento al obtener 77 escaños de los 135 disponibles, pero la novedad surge en el escenario en el que ERC gobernaría con el apoyo de los socialistas catalanes obteniendo 68 escaños y hasta 75 con el apoyo de En Comú Podem.

El retroceso del partido Ciudadanos es aplaudido por PSC porque sumaría nueve escaños a los 17 que obtuvo en las pasadas elecciones; el PP sumaría hasta ocho (actualmente tiene cuatro) y Vox entraría al Parlamento por vez primera con cuatro escaños.

Quim Torra es reprobado por su gestión monotemática, sí o sí independencia. Solo concita el aprobado del 36% de los encuestados, frente a un contundente 57% que decide reprobarlo. Se entiende que la pandemia es algo más que la política conspiratoria. Su mal manejo de la crisis en las residencias de ancianos lo puso contra las cuerdas.

En el juego de la política quien polariza siempre acaba perdiendo a largo plazo. Puigdemont logró una alianza muy cara cuando organizó el referéndum del 1 de octubre de 2017: pactó con los extremistas de la Candidatura de Unidad Popular (CUP). Tres años después, los convergentes de Artur Mas han tomado distancia. Se acabó la aventura. Puigdemont ya no saldrá del radicalismo, la ideología del odio.

Vendrán semanas intensas y decisivas. Al PP de Pablo Casado lo ha lanzado una ola a los tiempos de Mariano Rajoy, cuando el gobierno de este utilizaba fondos públicos para espiar a Luis Bárcenas.

Pedro Sánchez podrá respirar durante algunos días.

faustopretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.