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Opinión

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Para la radio en su día

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“Acabamos de entrar en lo que podríamos llamar ‘campo de vibraciones’, en el que podemos encontrar más maravillas de las que la mente puede concebir”, dijo el ingeniero Guillermo Marconi, después de haber construido el primer sistema completo de telegrafía inalámbrica, comercialmente exitoso, basado en ondas hertzianas transportadas por el aire para su transmisión por radio. ¿He hecho bien al mundo o he agregado una amenaza?, se preguntaba en secreto, pero el asombro de comprobar que la humanidad cada vez ganaba más terreno en el manejo del espacio y el tiempo, lo llenaba de feliz expectativa.

Señalado –entre otros, con otros y a veces– como el inventor de la radio, aunque realmente fuera una invención colectiva, Marconi compartió en 1909 el Premio Nobel de Física junto a Carl Ferdinand Braun en reconocimiento a sus contribuciones en el desarrollo de la telegrafía inalámbrica, antecedente absoluto de la existencia del prodigioso medio de comunicación que mañana celebra su día de fiesta. No es la primera vez. Proclamado oficialmente en 2011 por los Estados miembros de la UNESCO y adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2012, como Día Internacional de la ONU, el 13 de febrero se convirtió en el Día Mundial de la Radio. En todo este tiempo de celebración, la invitación para todas las emisoras, radioescuchas y radialistas se hace extensiva. Y cada vez, se propone un tema: el de este año es su notable pasado, su actual relevancia y su prometedor futuro.

Antes eran otros tiempos. Más antiguos, silenciosos y lejanos. Tanto, como los del siglo antepasado. Lo cuenta la historia de la radio, cuando registra que las bases teóricas de la propagación de ondas electromagnéticas fueron presentadas en un documento fechado en 1873 por el escocés James Clerk Maxwell. Texto que se titulaba Una teoría dinámica del campo electromagnético y donde desarrollaba una narración alucinante, que incluía partículas agrupadas en campos variables, sucesivos que se alejaban en forma de ondas electromagnéticas de la fuente donde se originaban y podían “crearse” artificialmente. Después, la trama contempla la entrada a escena de Heinrich Rudolf Hertz, quien sería el primero en demostrar la teoría de Maxwell y resolvería cómo “crear” artificialmente tales ondas, detectarlas y llevar a la práctica emisiones y recepciones. Otros inventos – que también parecen cosa de magia– participan en la creación: el micrófono, el bulbo, el fonógrafo y el teléfono, por ejemplo, y existen muchos eventos y talentos que fueron determinando a la radio como tecnología, ciencia, medio de comunicación, sistema de programación de elementos de audio, factor de cercanía, transmisor de conocimiento, escenario de diálogo y, refriega, pero también de sentimiento y goce.

Sobre la fiesta de mañana, afirma  la UNESCO que “Llega en un momento oportuno, cuando la radio –aunque estadísticamente popular y gozando de una enorme confianza del público– enfrenta crecientes desafíos en cuanto a la audiencia e ingresos provenientes de las plataformas digitales, las omnipresentes redes sociales, las divisiones digitales y generacionales, las contracorrientes de censura y, para algunos medios, la sofocante consolidación de deudas, así como las dificultades económicas exacerbadas por un mercado publicitario débil”.

Sin embargo, tampoco se olvida de sus mandatos en el área de la comunicación y la información: fortalecer los medios libres, independientes y plurales, una especial atención a los medios comunitarios, en tanto que suelen verse menos representados en los grandes medios de comunicación y por lo tanto se relacionan más adecuadamente con sus realidades y  no olvidar el objetivo de fortalecer el pluralismo de ideas y la integración de todas las comunidades en los procesos de formulación de políticas y adopción de decisiones vinculadas al desarrollo, el bienestar, la excelencia  y el profesionalismo en el proceso de la comunicación. Por supuesto, se invita a la industria mundial de la radio en todas sus formas ―comercial, pública, universitaria e independiente― a unirse al Día Mundial de la Radio y pregonarlo a todo volumen.

Piense usted, lector querido, que más allá de los buenos propósitos, la calidad de las intenciones, la verdad académica o científica, el mensaje conmovedor, el discurso insuperable, la fama, la fortuna y el rating hasta las nubes, la radio es la compañía menos celosa, más justa y desinteresada que se puede usted encontrar. Se queda con usted, aunque esté haciendo otra cosa y ni siquiera exige que la esté mirando

Basta escuchar: retumba la sangre en las orejas, diría el poeta.

“Escuchar es más importante que hablar. Si esto no fuera cierto, Dios no nos hubiera dado dos oídos y una boca”, declararía el orador motivacional.

El que escucha –afirmaría el doctor– funciona como caja de resonancia en la que el otro se libera hablando, por ello tiene efectos curativos.

Todos tenemos nuestras arpas para tocar. Y, ahora, le corresponderá a usted saber con qué oído quiere escuchar, finalizaría el escritor.

Y cada uno encendería su radio.

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